viernes, 24 de julio de 2026

TEXTOS ALTA EDAD MEDIA. AL-ANDALUS

 



                                                                            TEXTOS ALTA EDAD MEDIA. Al-andalus

 

1.- Covadonga.

A.- El relato cristiano: Crónica de Alfonso III.

 Pelayo estaba con sus compañeros en el monte Auseva, y el ejército de Alqama (con 187.000 soldados) llego hasta él y alzó innumerables tiendas frente a la entrada de la cueva. El predicho obispo subió a un montículo situado ante la cueva de la Señora y habló así a Pelayo: 'Pelayo, Pelayo, ¿dónde estás?' El interpelado se asomó a la ventana y respondió: “Aquí estoy”. El obispo dijo entonces: “Juzgo, hermano e hijo, que no se te oculta cómo hace poco se hallaba toda España unida bajo el gobierno de los godos y brillaba más que los otros países por su doctrina y ciencia, y que, sin embargo, reunido todo el ejército de los godos, no pudo sostener el ímpetu de los ismaelitas, ¿podrás tú defenderte en la cima de este monte? Me parece difícil”. Escucha mí consejo: “vuelve de tu acuerdo, gozarás de muchos bienes y disfrutarás de la amistad de los caldeos”. Pelayo respondió entonces: “¿No leíste en las Sagradas Escrituras que la Iglesia del Señor llegará a ser como el grano de la mostaza y de nuevo crecerá por la misericordia de Dios?” El obispo contestó: “Verdaderamente, así está escrito”. Pelayo dijo: “Cristo es nuestra esperanza; que por este pequeño montículo que ves sea España salvada y reparado el ejército de los godos”. Confío en que se cumplirá en nosotros la promesa del Señor, porque David ha dicho: ¡Castigaré con mi vara sus iniquidades y con azotes sus pecados, pero no les faltará mi misericordia! Así, pues, confiando en la misericordia de Jesucristo, desprecio esa multitud y no temo el combate con que nos amenazas. “Tenemos por abogado cerca del Padre a nuestro Señor Jesucristo, que puede librarnos de estos paganos”. El obispo, vuelto entonces al ejército, dijo: “Acercaos y pelead. Ya habéis oído cómo me ha respondido, a lo que adivino de su intención no tendréis paz con él, sino por la venganza de la espada”.

Alqama mandó entonces comenzar el combate, y los soldados tomaron las armas. Se levantaron los fundíbulos, se prepararon las hondas, brillaron las espadas, se encresparon las lanzas e incesantemente se lanzaron saetas. Pero al punto se mostraron las magnificencias del Señor: las piedras que salían de los fundíbulos y llegaban a la casa de la Virgen Santa María, que estaba dentro de la cueva, se volvían contra los que las disparaban y mataban a los caldeos. Y como Dios no necesita las lanzas, sino que da la palma de la victoria a quien quiere, los cristianos salieron de la cueva para luchar con los caldeos; emprendieron éstos la fuga, se dividió en dos su hueste, y allí mismo fue al punto muerto Alqama y apresado el obispo Oppas. En el mismo lugar murieron ciento veinticinco mil caldeos, y los sesenta y tres mil restantes subieron a la cumbre del monte Aseuva y por el lugar llamado Amuesa descendieron a la Liébana. Pero ni estos escaparon a la venganza del Señor; cuando atravesaban por la cima del monte que está a orillas del río llamado Deva, junto al predio de Cosgaya, se cumplió el juicio del Señor: el monte, desgajándose de sus cimientos, arrojó al río los sesenta y tres mil caldeos y los aplastó a todos. Hasta hoy, cuando el río traspasa los límites de su cauce, muestra muchas señales de aquéllos.

Según el texto de Gómez Moreno, Bol. Ac. Ha. C. 1932.612

 

B.- La noticia musulmana: Nafh al-tib de al-Maqqari.

 Cuentan algunos historiadores que el primero que reunió a los fugitivos cristianos de España, después de haberse apoderado de ella los árabes, fue un infiel llamado Pelayo, natural de Asturias, en Galicia, al cual tuvieron los árabes como rehén para seguridad de la gente de aquel país, y huyó de Córdoba en tiempo de Al-Hurr ben Abd Al-Rahman Al-Thaqafi, segundo de los emires árabes de España, en el año sexto después de la conquista, que fue el 98 de la Hégira [716-717]. Sublevó a los cristianos contra el lugarteniente de Al-Hurr, le ahuyentaron “y se hicieron dueños del país, en el que permanecieron reinando, ascendiendo a veintidós el número de los reyes suyos que hubo hasta la muerte de Abd Al-Rahman III”.

Dice Isa ben Ahmad Al-Razi que en tiempos de Anbasa ben Suhaim Al-Qalbi, se levantó en tierra de Galicia un asno salvaje llamado Pelayo. Desde entonces empezaron los cristianos en al-Andalus a defender contra los musulmanes las tierras que aún quedaban en su poder, lo que no habían esperado lograr. Los islamitas, luchando contra los politeístas y forzándoles a emigrar, se habían apoderado de su país hasta llegar a Ariyula, de la tierra de los francos, y habían conquistado Pamplona en Galicia y no había quedado sino la roca donde se refugió el rey llamado Pelayo con trescientos hombres.

Los soldados no cesaron de atacarle hasta que sus soldados murieron de hambre y no quedaron en su compañía sino treinta hombres y diez mujeres. Y no tenían qué comer sino la miel que tomaban de la dejada por las abejas en las hendiduras de la roca. La situación de los musulmanes llegó a ser penosa, y al cabo los despreciaron diciendo: 'Treinta asnos salvajes ¿qué daño pueden hacernos?' En el año 133 murió Pelayo y reinó su hijo Fáfila. El reinado de Pelayo duró diecinueve años, y el de su hijo dos. Después de ambos reinó Alfonso, hijo de Pedro, abuelo de los Banu Alfonso, que consiguieron prolongar su reino hasta hoy y se apoderaron de lo que los musulmanes les habían tomado.

SÁNCHEZ-ALBORNOZ, C. La España musulmana, Op. cit., vol. I, pp. 74-77.

 

2.- Pacto de Teodomiro

 “En el Nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso. Edicto de ‘Abd al-‘Aziz ibn Musa ibn Nusair a Tudmir ibn Abdush (esto es, Teodomiro, hijo de los godos). Este último obtiene la paz y recibe la promesa, bajo la garantía de Dios y su Profeta, de que su situación y la de su pueblo no se alterará; de que sus súbditos no serán muertos, ni hechos prisioneros, ni separados de sus esposas e hijos; de que no se les impedirá la práctica de su religión, y de que sus iglesias no serán quemadas ni desposeídas de los objetos de culto que hay en ellas; todo ello mientras satisfaga las obligaciones que le imponemos. Se le concede la paz con la entrega de las siguientes ciudades: Orihuela, Baltana, Alicante, Mula, Villena, Lorca y Ello. Además, no debe dar asilo a nadie que huya de nosotros o sea nuestro enemigo; ni producir daño a nadie que huya de nosotros o sea nuestro enemigo; ni producir daño a nadie que goce de nuestra amnistía; ni ocultar ninguna información sobre nuestros enemigos que puede llegar a su conocimiento. El y sus súbditos pagarán un tributo anual, cada persona, de un dinar en metálico, cuatro medidas de trigo, cebada, zumo de uva y vinagre, dos de miel y dos de aceite de oliva; para los sirvientes, sólo una medida.

Dado en el mes de Raÿab, año 94 de la Hégira (713 d.C.). Como testigos, ‘Uzmán ibn Abi ‘Abda, Habib ibn Abi ‘Ubaida, Idrís ibn Maisara y Abul Qasim al-Mazáli.”

Traducido por Felipe Maíllo Salgado, Salamanca, 1993

 

3.- Mérida, 713

 «Confió Musa la guarda de Sevilla a los judíos, y se dirigió a la ciudad de Mérida, donde residían algunos de los grandes señores de España y que tenía monumentos, un puente, alcázares e iglesias que exceden a toda ponderación. Cercó la ciudad, y la guarnición salió contra él, trabándose un fuerte combate a una milla de distancia de las murallas. En tanto, descubrió Musa una cantera de piedra, en la cual ocultó por la noche infantería y caballería, y al día siguiente, al amanecer, cuando fue contra ellos y salieron a rechazarle, como el anterior, atacáronles los musulmanes que estaban emboscados e hicieron en ellos una gran matanza, refugiándose los que escaparon en la ciudad, que era muy fuerte, y tenía unas murallas como no han hecho otras los hombres. Por espacio de algunos meses continuó el cerco hasta que fabricaron los muslimes una máquina para acercarse al muro.

 

Al cabo fue conquistada la ciudad en ramadán del año 94, el día de la fiesta Fitr [30 de junio de 713] [...] Ajustaron, en efecto, la paz, a condición de que los bienes de los que habían muerto el día de la emboscada, y los de aquellos que habían huido a Galicia, fuesen para los muslimes, y los bienes y alhajas de las iglesias para Musa.».

 

Anónimo, Ajbar Machmúa, trad E. Lafuente, Madrid, 1867, facsímil, Madrid, 1984, pp. 29-30 (cfr. VV.AA., Los árabes invaden España, Madrid, Cuadernos de Historia 16, n.º 249, 1985, separata central).

 

4.- Inicio de las guerras civiles entre beréberes, baladíes y sirios. 

Aconteció, en tanto, que los berberiscos españoles, al saber el triunfo que los de África habían alcanzado contra los árabes y demás súbditos del califa, se sublevaron en las comarcas de España, y mataron o ahuyentaron a los árabes de Galicia, Astorga y demás ciudades situadas allende las gargantas de la sierra (de Guadarrama), sin que Ibn Qatan tuviese la menor sospecha de lo que sucedía hasta que se le presentaron los fugitivos. Todos los árabes de los extremos del norte de la Península fueron impelidos hacia el centro, a excepción de los que habitaban en Zaragoza y sus distritos, porque eran allí más numerosos que los berberiscos y no podían éstos acometerles. Derrotaron a los cuerpos del ejército que Abd al-Malik mandó contra ellos y mataron a los árabes en varias comarcas, visto lo cual, temiendo que le sucediese lo que había acontecido a los de Tánger y con noticia de los aprestos que hacían contra él, no halló el valí medio mejor que solicitar la ayuda de los siriacos. Les envió barcos en que se trasladasen a España por pelotones, les remitió víveres y mantenimientos y púsoles por condición que le entregasen diez personajes de los más importantes de cada división, para tenerlos como rehenes en una isla y que, terminada la guerra, los transportaría de nuevo a Ifriqiya. Convinieron en ello y aceptaron el pacto, exigiendo a su vez que se les trasladase después a Ifriqiya todos juntos y no separadamente y que se les llevase a punto donde no fuesen inquietados por los berberiscos. Venía con los siriacos Abd al-Rahman ibn Habib, cuyo padre había muerto en Nasdora.

En el año 123 fue cuando Abd al-Malik los trajo a España y, recibidos los rehenes, los depositó en la isla de Umm Hakim, en el mar. Estaban los siriacos en el último estado de miseria y desnudez, sin más abrigo que sus corazas. Al llegar a Algeciras encontraron pieles adobadas en abundancia, de las cuales se hicieron madraás, y después en Córdoba, ibn Qatan vistió a los caudillos principales y les repartió dádivas: no siendo esto bastante, los árabes de España, tan opulentos como reyes, los recibieron, vistiendo cada cual a los más principales de su tribu y haciéndoles tantas larguezas que quedaron equipados y hartos.

Congregados los berberiscos de Galicia, Astorga, Mérida, Coria y Talavera eligieron por jefe a ibn ..., y con un ejército innumerable pasaron el río Tajo en busca de Abd al-Malik ibn Qatan, el cual mandó contra ellos a sus dos hijos, Qatan y Umayya, con los siriacos compañeros de Balch y los baladíes de España. Cuando supieron los berberiscos que este ejército se hallaba próximo rasuráronse la cabeza, a imitación de Maysara, a fin de no ocultar la causa que defendían y de no confundirse (con los contrarios) en la batalla. Así se acercaron a la ciudad de Toledo. Qatan y Umayya con sus tropas respectivas vinieron a su encuentro y trabóse una recia pelea en tierras de Toledo, sobre Guazalate. Los siriacos acometieron con furia y batallaron como quien busca la muerte, hasta que Dios les concedió que los berberiscos volviesen la espalda e hicieron en ellos tan gran matanza que casi los exterminaron, sin que escapasen (con vida) más que aquéllos a quienes no pudieron dar alcance. Los siriacos cabalgaron en los caballos y vistieron las armas (de los vencidos), dividiéndose después en varios destacamentos, que fueron matando berberiscos por toda España hasta exterminar completamente el fuego de la rebelión. Concluido esto, volvieron a Córdoba y Abd al-Malik les dijo "Salid. -Pronto estamos, contestaron, si nos llevas a Ifriqiya. -No tengo, dijo, barcos suficientes para transportaros juntos, porque ahora poseéis esclavos, caballos y equipajes; salid para Ifriqiya en pelotones separados. -No saldremos, replicaron, sino todos reunidos. -Marchad a Ceuta. -)Así quieres exponernos, exclamaron, a las iras de los berberiscos de Tánger?. Más nos valiera que nos arrojaras a los abismos del mar". Y viendo lo que pretendía hacer con ellos, subleváronse contra Abd al-Malik, le proclamaron. Ibn Qatan pasó a habitar su casa, que era la llamada de Abu Ayyub, y sus dos hijos huyeron, el uno a Mérida y a Zaragoza el otro, donde permanecieron algunos días concertando su plan, siguiéndose una gran perturbación en España.

El gobernador de Algeciras había dejado de asistir a los rehenes, que se encontraban en la isla de Umm Hakim, con los alimentos y agua que necesitaban, pues en la isla no hay agua ninguna, y a consecuencia de esto murió uno de ellos, noble personaje de Siria. Luego que Balch dispuso que fuesen puestos en libertad, quejáronse del mal tratamiento que ibn Qatan les había tenido y de la muerte de su compañero, que había perecido de sed, y le dijeron: "Concédenos la venganza (matando a Abd al-Malik)". Balch les contestó: "No hagáis tal, porque pertenece a la tribu Qurayx y la muerte de vuestro compañero fue sólo por un descuido: esperad y veremos qué giro toman las cosas". Mas los yemeníes se levantaron como un solo hombre, importunaron a Balch y le dijeron: ")Tratas de defender a los mudharíes?". Temiendo entonces éste las violencias de los sublevados y el promover una discordia, mandó que sacaran a Abd al-Malik. Era ya tan anciano, que parecía (por su canicie) pollo de avestruz, pues tenía 90 años o más. Había estado en la batalla de Harra con los medinenses y huyó desde allí a Ifriqiya: íbanle diciendo cuando le conducían: "Tú eres el fugitivo que escapaste en Harra al filo de nuestras espadas y para vengarte de aquella derrota nos has puesto en el trance de comer perros y cueros y has hecho traición al ejército del Emir de los Creyentes". Condujéronle a la cabeza del puente y le mataron y crucificaron a la izquierda del camino, crucificando a su derecha un cerdo y un perro a su izquierda. Un día permaneció allí su cadáver, hasta que por la noche vinieron los libertos berberiscos de Almodóvar y le robaron. Tomó aquel paraje el nombre de Maslib (lugar de crucifixión) de Abd al-Malik ibn Qatan y le conservó hasta que Yusuf fue nombrado valí y Umayya ibn Abd al-Malik construyó en aquel sitio una mezquita, perdiendo su antigua denominación y llamándose mezquita de Umayya. Fue destruida el día de la sublevación de los cordobeses contra Al-Hakam ibn Hixam, quedando el sitio abandonado y perdiendo sus dos anteriores nombres de la crucifixión y mezquita, excepto para los que conocen este suceso.

Así que llegó la noticia de los hijos de Abd al-Malik lo acaecido, consiguieron reunir un ejército de las lejana comarcas de Narbona y de baladíes y berberiscos, pues aunque sus espadas goteaban aún sangre berberisca, consintieron éstos en ayudarles, buscando ocasión de vengarse de los siriacos, para habérselas después con los baladíes, terminado este asunto. Vinieron Qatan y Umayya en unión con Abd al-Rahman ibn Habib, que había sido de los de Balch, y al ver lo que habían hecho con Abd al-Malik se había separado de él y de la causa siriaca, y con Abd al-Malik se había separado de él y de la causa siriaca, y con Abd al-Rahman ibn Alqama Al-Lajmi, gobernador de Narbona. Traían un ejército de cien mil hombres o más contra Balch y sus compañeros, que estaban en Córdoba. Muchos fugitivos de la expedición siriaca, que habían andado errantes por alquerías y montes y por las comarcas de Ifriqiya, sin medio de volver a Siria, habían venido a reunirse con éste y constituían un ejército de doce mil hombres, sin contar los muchos esclavos que habían tomado de los baladíes y berberiscos. Salieron, pues, y llegaron a dos barid de Córdoba, al lugar llamado Aqua Portora, donde Balch envistió a los enemigos con sus tropas. No pudieron resistirle ni mantenerse mucho tiempo; pero Abd al-Rahman ibn Alqama Al-Lajmi, tenido por mejor caballero de España, dijo: "Mostradme a Balch, pues, vive Dios, que he de matarle o morir a sus manos". Mostráronselo, con efecto, diciéndole: "Aquel es del caballo blanco". Acometió entonces con la caballería aragonesa y, retrocediendo los siriacos hasta dejar en descubierto a Balch, que tenía en su mano la bandera, dióle dos cuchilladas en la cabeza. Al-Husayn ibn Al-Dachn Al-Uqaili cargó contra Abd al-Rahman y le asestó varios golpes, forzándole a que le hiciera frente, por manera que apenas se detenía en algún punto, Al-Husayn le perseguía con la caballería de Quinnasrina, obligándole a desistir de su empeño y a defenderse, y dándole furiosas acometidas, hasta llegar a sus filas y golpearle en medio de ellas. Mas era ibn Alqama caballero de grande esfuerzo, bien prevenido y cubierto además con tan bien templadas armas, que en ellas no hacía mella alguna la espada de Al-Husayn. Emprendieron al fin precipitada fuga (baladíes y berberiscos) y siguiéronles (los siriacos), matando a unos y cautivando a otros. Volviéronse enseguida y Balch murió a los pocos días de las heridas que había recibido de Alqama, según unos, y según otros porque le llegó su hora. Dios lo sabe.

Eligieron entonces (los siriacos) por valí a Thaalaba ibn Salama Al-Amili, contra el cual se juntaron baladíes, árabes y berberiscos en Mérida, reuniendo un ejército tan considerable, que no tenía aquél fuerza bastante para resistirle. Salió, sin embargo, y combatió valerosamente; mas no alcanzó ventaja ninguna y tuvo que encerrarse en la ciudad de Mérida y mandar un emisario al lugarteniente que había dejado en Córdoba, para que fuese a él con las tropas que allí quedaban, a fin de combatir a los baladíes. Estando de esta suerte cercado en Mérida por baladíes y berberiscos, pues éstos eran los más numerosos, llegó la fiesta de Fitr o de Alza, y como observase Thaalaba que (con tal motivo) se descuidaban y diseminaban, hizo una salida al amanecer del día de la fiesta, los derrotó con gran matanza y redujo a cautiverio sus mujeres e hijos, cosa que ni el mismo Balch se había atrevido a hacer, tomando el camino con diez mil o más prisioneros, hasta acampar en la almazara de Córdoba.

El gobernador de Ifriqiya había llegado a saber el estado de las cosas de España; la gente más honrada (de este país) había acudido a él y le habían escrito algunos, rogándole que les mandase un valí a quien todos reconociesen y prestasen obediencia, así como al califa, a fin de que tanto baladíes como siriacos se sometiesen a su autoridad, pues (de lo contrario) les amenazaba la muerte y temían la desventura de sus familias.

Thaalaba, en tanto, acampado en la almazara, vendía entre sus soldados los hijos y mujeres de los baladíes, habiéndosenos referido que enajenaban sus jeques al que menos ofrecía por ellos, y que puso a la venta a ibn Al-Hakam, oriundo de Medina y establecido en España, y a Al-Harith ibn Asad, medinense también y de la tribu de Chuhaina, con un pregonero que gritaba: ") Quién compra a la baja estos dos jeques?", y contestó otro: "Diez dinares doy por uno de ellos". El pregonero dijo: ")Quién da menos?", y así continuó hasta vender uno por un perro y otro por un cabritillo. En esto se hallaba ocupado Thaalaba, cuando llegó Abu-l-Jattar Al-Husam ibn Dirar Al-Kalbi, nombrado gobernador por Hantala ibn Safwan, a nombre del califa al-Wali ibn Yazid, el cual los encontró aún acampados en la almazara. Era (Abu-l-Jattar) un noble siriaco, natural de Damasco, y todos le atendieron y prestaron obediencia, siriacos y baladíes. Dio libertad a los prisioneros y cautivos, llamándose por esta causa su ejército el de la salvación, y aunándose todas las voluntades. Huyeron ibn Salama, Uthman ibn Abi Nisa y otros diez personajes siriacos, amnistió a los dos hijos de Abd al-Malik ibn Qatan, y acomodando a los siriacos en las diferentes comarcas, aquietóse el estado de los españoles.

 

Tomado del Ajbar Maymua. Trad. de Lafuente Alcántara. Madrid, 1867, p. 48.

 

5.- La jornada del Arrabal, 813 

«El príncipe omeya reinante al-Hakamibn Hixam casi no se ocupaba más que en jugar, cazar y beber, y en otros placeres semejantes, y, por otra parte, la ejecución de muchos de los principales habitantes de la ciudad le había hecho odioso ante el pueblo, que era maltratado e injuriado por los mercenarios del emir.

El desorden llegó a tal punto que, cuando se convocaba a la plegaria, el populacho gritaba:“¡Ven a rezar, borracho, ven a rezar!”, y cuando alguno lanzaba esta injuria, los demás aplaudían. [...]Más tarde estableció el impuesto del diezmo sobre las mercaderías, tributo que habría de cobrarse cada año sin remisión, lo que fue muy mal acogido por el pueblo. Al-Hakam se apoderó de diez de los principales exaltados y les hizo ejecutar y crucificar, con lo que dio más motivo a la cólera de las gentes del arrabal. [...]

Los habitantes del arrabal meridional empuñaron los primeros las armas, y todos los otros arrabales les siguieron. El yund[1]1, los omeyas y los esclavos negros se concentraron en el palacio, y al-Hakam procedió a la repartición de los caballos y de las armas, así como a la reunión de sus hombres.

Se entabló la lucha, y ésta fue favorable a las gentes del arrabal, que cercaron el palacio. Entonces, al-Hakam descendió de la terraza en la que se encontraba y fue a caballo y armado a reanimar el valor denlos suyos, que al verle se batieron con mayor encarnizamiento.

Al-Hakam consultó con Abd al-Qarimibn Abd al-Wahid ibn Abd al-Mugayth, su último consejero, que le recomendó clemencia. [...] Perdonó a los rebeldes, pero con amenazas de muerte y crucifixión para todos los habitantes del arrabal que no hubiesen partido de la ciudad en el plazo de tres días. Los supervivientes salieron a escondidas, expuestos a toda clase de penas y humillaciones, llevándose lejos de Córdoba a sus mujeres e hijos y las riquezas de más fácil transporte. Los soldados estaban al acecho para saquearles, y mataban a quienes intentaban resistir.

Terminado el plazo de tres días, al-Hakam dio orden de respetar a las mujeres, a las que reunió en otro lugar, e hizo destruir el arrabal meridional.»

 

Ibn al-Athir, Kamil fi-i-Tarif, trad. francesa de E. Fagnan, Extraits inédits relatifs au Magreb. Geographie e Histoire, Argel, 1924 (cfr. VV.AA., La Alta Edad Media. Visigodos, árabes y primeros reinos cristianos, Madrid, Historia 16, 1980, p. 50).

 

 6.- Conquista de Bobastro por Abd al-Rahman III, 928 

«Como el sitio de tal plaza proseguía sin piedad contra Hafs ibn Umar ibn Hafsun, que estaba rodeado por todas partes de fortificaciones destinadas a contenerle, tal jefe reconoció que ante el celo y la resolución desplegados contra él no podría mantenerse en las montañas donde estaban. En consecuencia, escribió al emir para pedirle cuartel y obtener su perdón, permitiéndole salir de la montaña y reconocer y aceptar su autoridad. Al-Nasir le envió al visir Ahmad ibn Muhammad ibn Hudayr, quien se ocupó de la salida de ibn Hafsun de la fortaleza de Bobastro, que fue ocupada por soldados y gentes de al-Nasir el jueves 23 de Dzu-i-gada (21 de enero de 928). El visir ibn Hudayr llevó a Hafs con su familia y todos los cristianos de la plaza, con sus mujeres e hijos, a Córdoba.

 

El emir acogió generosamente a Hafs, a quien perdonó y concedió un olvido completo de su pasado, y al que hizo formar parte de su séquito e incluyó en el ejército. En 316 (25 de febrero de 928), el emir al-Nasir fue a Bobastro, después de la conquista de la plaza, para arreglar allí las cosas y regular definitivamente su ocupación. El príncipe llegó al castillo de Bobastro el domingo 20 Muharram (15 de marzo). Entró en la ciudad, la recorrió en todos los sentidos y comprendió a ojos vistas, que por su posición dominante, sus defensas, su elevación y su aislamiento de las otras montañas, tal plaza no tenía par en el mundo por la inexpugnabilidad y la extensión de su solar. Realizó por ello acciones de gracias a Allah, que le había permitido y facilitado la conquista de tal fortaleza, y ayunó durante toda su estancia en ella. Tomó las medidas necesarias para la edificación de una ciudadela tan bien fortificada y preparada como ninguna otra. Encomendó a sus soldados la destrucción de todas las obras de fortificación que la rodeaban y de todas las casas que se alzaban fuera de ella. Hizo exhumar los cadáveres de Umar ibn Hafsun y de su hijo, y, abiertas sus tumbas, se los halló tumbados sobre la espalda, según la práctica cristiana.»

Ibn Idhari, Bayan al-Mugrib (cfr. Julio Valdeón, El Califato de Córdoba, Madrid, Cuadernos de Historia 16, Nº 102, 1985, separata central).

 

7,. La batalla de Simancas, 939

 A.- Texto cristiano. Anales Castellanos Primeros: Doble y terrible derrota del primer Califa de Córdoba

En la era 977 [939], a saber, en la segunda feria (lunes) a la hora tercia mostró Dios un signo en el cielo y el sol se convirtió en tinieblas durante casi una hora en todo el mundo. Después, a los dieciocho días, el séptimo de los idus de agosto [6 agosto] en el día que los cristianos celebran a los santos Justo y Pastor, tercera feria (martes), vinieron los cordobeses a Simancas con su nefandísimo rey Abd al-Rahman y con todo su ejército y fijaron allí su campamento. Encontraron al rey Ramiro y sus condes que salieron reunidos con él y con sus huestes, a saber: Fernán González y Asur Fernández y otra multitud de guerreros. Ayudándoles Dios, cayeron sobre los moros y mataron a espada ese día casi tres mil y quizá más; y allí fue capturado el moro Abu Yahya. Dieciséis días después, el doce de las calendas de septiembre [21 agosto], mientras los moros huían y trataban de salir de tierra de cristianos, les salieron al encuentro en un lugar llamado Leocaput, junto al río Verbera, y allí fueron dispersados los islamitas y bastantes fueron muertos y despojados. Y se alegraron mucho los cristianos, porque volvieron con muchas riquezas y se regocijaron de sus despojos y está llena de ellos Galicia y Castilla y Álava y Pamplona, con su rey García Sánchez. ¡Gracia a Dios!

Anales castellanos primeros. Así llama Gómez Moreno al antes denominado Cronicón de San Isidoro de León. Breve relato en forma de anales que procede del siglo X. Comprende desde la predicación de Mahoma hasta la batalla de Simancas (939). Edición: M. Gómez Moreno, Anales castellanos. Discurso de recepción en la Real Academia de la Historia (Madrid, 1917), págs. 23-24.

 B.- Texto musulmán. Kitab Amal al-a‘lam de Ibn al-Jatib

Luego Dios le afligió (a Al-Nasir) y le sometió a prueba con la conocida batalla en que padeció duro trato a manos del enemigo de Dios Radmir, hijo de Urdun, el día viernes 11 del mes de sawwal del año 327, frente a la ciudad de Sant Mankas, en el país de los Rumíes (los cristianos), después de una lucha que duró varios días y en la cual se desarrolló la pugna entre ambas partes de la manera más violenta y ardua, llevando la iniciativa el enemigo.

Los musulmanes experimentaron una derrota inaudita, que fue suscitada por un grupo de hombres de la división militar que dependía directamente de Al-Nasir, quienes, envidiosos de los favores que Dios le había acordado, no le aconsejaron lealmente acerca de la conducción de la lucha, sucediendo que al entrar en acción una vez más la caballería se descalabraron las líneas de combate muslímicas. Entonces el enemigo compelió a los musulmanes a replegarse hacia una fosa profunda, por la que se hace referencia a la batalla. En dicha fosa fueron cayendo los hombres hasta que la cubrieron de borde a borde.

Huyó Al-Nasir, abandonando sus campamentos, de los que se apoderó el enemigo, con todos los pertrechos y demás elementos que en ellos había. Ahí perdió Al-Nasir su Corán y su coraza, cosas ambas de un valor inapreciable, que luego recuperó.

Cuando estuvo fuera de peligro, despachó a Córdoba, de modo que llegaran antes del grueso de las tropas, una cantidad de milicianos de su escolta, quienes comunicaron la buena nueva de que Al-Nasir se hallaba sano y salvo, y, en cumplimiento de sus órdenes prepararon rollos y cruces a orillas del río.

Al llegar a la ciudad hizo apresar alrededor de trescientos hombres de la caballería, a los que clavaron en dichos rollos y cruces, haciendo difundir Al-Nasir una proclama en la que decía: “Este es el castigo que corresponde a los que han traicionado al Islam, engañando a su pueblo y sembrando la confusión en las filas del ejército de la Guerra Santa”. Luego erigieron aquellos maderos con las víctimas y las alancearon a la vista de la gente, hecho lo cual Al-Nasir se fue a su palacio. Desde esta campaña ya no emprendió otra personalmente. Más tarde Dios le favoreció con victorias sobre los reyes cristianos y la toma de sus comarcas, como no lo había hecho en beneficio de ninguno de sus predecesores.

Gestas de los hombres ilustres. Escrito en su huida al Magreb donde murió en 1374. José Lirola Delgado: Ibn al-Jatib, saber y poder en la Granada nazarí.

Ambos textos en Sánchez Albornoz, C. La España musulmana, vol. I, pp. 337-339.




[1] El yund era el conjunto de los linajes árabes de origen sirio, descendientes de los conquistadores y de quienes llegaron con Abd al-Rahman I, y que formaban la aristocracia dominante en al-Ándalus.

viernes, 10 de julio de 2026

TEXTOS. SIGLO XVII. ESPAÑA

 



 

 1609

DECRETO DE EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS

 "Entendido tenéis lo que por tan largo discurso de años he procurado la conversión de los moriscos de ese reino de Valencia y del de Castilla, y los edictos de gracia que se les concedieron y las diligencias que se han hecho para convertidos a nuestra santa fe, y lo poco que todo ello ha aprovechado (...), he resuelto que se saquen todos los moriscos de ese reino y que se echen en Berbería. Y para que ejecute lo que S.M. manda, hemos mandado publicar el bando siguiente:

 Primeramente, que todos los moriscos de este reino, así hombres como mujeres, con sus hijos, dentro de tres días de como fuere publicado este bando en los lugares donde cada uno vive y tiene y tiene su casa, salgan de él y vayan a embarcarse a la arte donde el comisario les ordenare, llevando consigo de sus haciendas los muebles, los que pudieren en sus personas, para embarcarse en las galeras y navíos que están aprestados para pasarlos en Berbería, adonde los desembarcarán sin que reciban mal tratamiento ni molestia en sus personas. Y el que no lo cumpliere incurra en pena de la vida, que se ejecutara irremisiblemente.

 Que cualquiera de los dichos moriscos que, publicado este bando, y cumplidos los tres días, fuese hallado fuera de su propio lugar, pueda cualquier persona, sin incurrir en pena alguna, prenderle y desvalijarle, entregándole al Justicia del lugar más cercano, y si se defendiere lo pueda matar.

 Que cualquiera de los dichos moriscos que escondiere o enterrase alguna de la hacienda que tuviere o no la poder llevar consigo o pusiese fuego a las casas, sembrados, huertas o arboledas, incurran en la dicha pena de muerte los vecinos del lugar donde esto sucediere, por cuando S.M. ha tenido por bien de hacer merced de estas haciendas que no pueden llevar consigo a los señores cuyos vasallos fueren...”

 

(Bando general de expulsión de los moriscos, 22 de septiembre de 1609, CODOIN, tomo 18, p. 5 y ss. (cfr. Gérard Walter, El memorial de los siglos. La Revolución Inglesa, Barcelona, Grijalbo, 1971, pp. 499-500)


1625

Olivares y la unificación de España

“(…) Tenga V. M. por el negocio más importante de su Monarquía, el hacerse Rey de España; quiero decir, Señor, que no se contente Vuestra Majestad con ser Rey de Portugal, de Aragón, de Valencia, Conde de Barcelona, sino que trabaje y piense con consejo mudado y secreto, por reducir estos reinos de que se compone España, al estilo y leyes de Castilla sin ninguna diferencia, que si V. M. lo alcanza, será el príncipe más poderoso del mundo.

(…) conociendo que la división presente de leyes y fueros, enflaquece su poder y le estorba conseguir fin tan justo y glorioso y tan al servicio de Nuestro Señor, y conociendo que los fueros y prerrogativas particulares que no tocan en el punto de la justicia (que ésa en todas partes es una y se ha de guardar), reciben alteración por la diversidad de los tiempos y por mayores conveniencias se alteran cada día y los mismos naturales lo pueden hacer en sus Cortes (…) se procure el remedio por los caminos que se pueda, honestando los pretextos por excusar el escándalo, aunque en negocio tan grande se pudiera atropellar por este inconveniente asegurando el principal

(…) Tres son, Señor, los caminos que a Vuestra Magestad le puede ofrecer la ocasión y la atención en esta parte, y aunque diferentes mucho, podría la disposición de V.M. juntarlos y que, sin parecerlo, se ayudasen el uno al otro.

El primero Señor, y el más dificultoso de conseguir (pero el mejor, pudiendo ser), sería que V.M. favoreciese los de aquel reino, introduciéndolos en Castilla, casándolos en ella, y los de acá allá, y con beneficios y blandura los viniese a facilitar de tal modo que, viéndose casi naturalizados acá con esta mezcla, por la admisión a los oficios y dignidades de Castilla, se olvidasen los corazones de manera de aquellos privilegios que, por entrar a gozar de los de este reino igualmente, se pudiese disponer con negociación esta unión tan conveniente y necesaria.

El segundo sería, si hallándose V.M. con alguna gruesa armada y gente desocupada, introdujese el tratar de estas materias por vía de negociación, dándose la mano aquel poder con la inteligencia y procurando que, obrando mucho la fuerza, se desconozca lo más que se pudiere, disponiendo como sucedido acaso, lo que tocare a las armas y al poder.

El tercer camino, aunque no con medio tan justificado, pero el más eficaz, sería hallándose Vuestra  Magestad con esta fuerza que dije, ir en persona como a visitar aquel reino donde hubiere de hacer el efecto, y hacer que se ocasione algún tumulto popular grande y con este pretexto meter la gente, y en ocasión de sosiego general y prevención de adelante, como por nueva conquista asentar y disponer las leyes en conformidad de las de Castilla y de esta misma manera irlo ejecutando en los otros reinos.

El mayor negocio de esta Monarquía, a mi ver, es el que he representado a V.M. y en que V.M. ha de estar con suma atención, sin dar a entender el fin, procurando encaminar el suceso por los medios apuntados.”

                    Recopilación del dictamen de la materia del Estado de todos los reinos", redactado por el Conde duque de Olivares, Madrid 1625

 

1648

 PAZ DE WESTFALIA

         "Habrá una paz cristiana y universal, y una amistad sincera, auténtica y perpetua entre [...] todos y cada uno [...]. Que esta paz y amistad sea observada y cultivada con tal sinceridad y celo, que cada parte se esforzará en procurar el beneficio, honor y ventaja del otro [...]." (título 1º).

"Habrá en un lado y en el otro un olvido perpetuo, amnistía, o perdón de todo lo que ha sido cometido desde el inicio de estos problemas [...]; todo lo que ha pasado en un lado y en el otro [...], daños y gastos [...], serán enterrados en el olvido eterno." (título 2º).

"Que el Círculo de Borgoña será y continuará un miembro del Imperio, después de que las disputas entre Francia y España terminen. Que sin embargo, ni el emperador, ni ninguno de los Estados del Imperio, se implicará en las guerras que hay ahora en pie entre ellos [...]." (título 4º).

"Aquellos de la confesión de Habsburgo [...] serán puestos en posesión otra vez de sus iglesias, y estados eclesiásticos, como era en el año 1624 como también que todos los otros de la dicha confesión de Habsburgo que lo demanden, tendrán el ejercicio libre de su religión, así en iglesias públicas a las horas convenidas, como en sus propias casas privadas, o en otras elegidas para este propósito [...]." (título 28º).

"y puesto que para la mayor tranquilidad del Imperio, en su asamblea general de paz, se ha hecho un acuerdo [...] referente a las diferencias sobre tierras eclesiásticas, y la libertad de ejercicio de la religión; se ha encontrado oportuno confirmarlo y ratificarlo por el presente tratado [...]" (título 49º).

"[...] la ciudad de Basilea, y otros cantones suizos, ser como si estuviesen en posesión de su completa libertad y exención del Imperio; de manera que no están bajo ningún concepto sujetos a las judicaturas o juicios del Imperio [...]". (título 63º).

"[...] todos y cada uno de los Electores, Príncipes y Estados del Imperio Romano, son así establecidos y confirmados en sus antiguos derechos, prerrogativas, libertades [...], ejercicio libre de derechos eclesiásticos [...]." (título 64º).

"Disfrutarán sin contradicción, el derecho de sufragio en todas las deliberaciones referentes a los asuntos del Imperio [...] serán libres perpetuamente de establecer alianzas con extranjeros para su preservación y seguridad [...]." (título 65º).

"[...] Que el dominio principal, derecho de soberanía, y todos los otros derechos sobre los arzobispados de Metz, Toul, y Verdún, y sobre las ciudades de ese nombre y sus diócesis, particularmente sobre Mayenvick [...] pertenecerán en el futuro a la corona de Francia, y serán irrevocablemente incorporados allí por siempre [...]." (título 71º).

"En testimonio de todas y cada una de estas cosas, y para su mayor validez, los embajadores de sus majestades Imperial y Cristianísima, y los representantes, en el nombre de todos los Electores, Príncipes, y Estados del Imperio, enviados particularmente para este fin [...] con sus propias manos y sellos han firmado y sellado este presente Tratado de Paz, [...] y eso con la condición de que por la suscripción de los embajadores y representantes arriba mencionados, todos y cada uno de los otros estados que se abstendrán de firmar y ratificar el presente tratado, estarán no menos obligados a mantener y observar lo que se contiene en este presente Tratado de Pacificación, que si lo hubiesen suscrito y ratificado [...].

Hecho, aceptado y concluido en Münster en Westfalia, el día 24 de octubre, 1648. (título 128).

 

1673

A cerca de los diezmos

 “De todos los frutos que nos da nuestro señor se le deben diezmos por derecho divino y humano, y esos los tiene Su Majestad para sustentar los ministros de su Iglesia. Por tanto (...) mandamos que todas las personas de nuestro obispado, de cualquier estado o condición que sean, en virtud de santa obediencia y pena de excomunión (...) paguen los diezmos bien y cumplidamente, sin encubrir ni defraudar parte alguna de ellos (...).

Las cosas de las que se deben pagar diezmos son todas: todo género de granos, todo género de frutas, todo género de legumbres, todo género de aves y de ganados, que como es Dios el que lo da todo, en todo debe tener parte.”

            Constituciones de D. Francisco de Roys y Mendoza, Obispo de Badajoz. 1673.



miércoles, 8 de julio de 2026

lunes, 6 de julio de 2026

TEXTOS SOBRE EL ABSOLUTISMO S.XVII - XVIII

 



 

Comentario de texto

 

Texto 1

 

"Los reyes son llamados justamente dioses, pues ejercen un poder similar al divino. Pues si consideráis los atributos de Dios, veréis cómo se encuentran en la persona de un rey... De la misma forma que es impío y sacrílego hacer un juicio sobre los actos de Dios, igualmente es temerario e inconsciente para un súbdito criticar las medidas tomadas por el rey".

Jacobo I de Inglaterra (1603-1625)

 

Texto 2

 

"Es un derecho de los súbditos presentar peticiones al rey, y todo encarcelamiento y persecución por esta causa son ilegales. El pretendido poder real de suspender las leyes o su ejecución sin el consentimiento del Parlamento es ilegal. La formación de un ejército en el Reino en tiempos de paz, sin el consentimiento del Parlamento, es contraria a la ley. Las elecciones de los miembros del Parlamento deben ser libres".

Declaración de Derechos. Inglaterra, 1689

 

Texto 3

 

“No existe ninguna forma de gobierno ni institución humana alguna que no presente inconvenientes; de tal suerte que se debe seguir con el mismo tipo de gobierno al que un largo tiempo de vivencia ha acostumbrado al pueblo. (…)

Únicamente al príncipe incumbe velar por el bienestar del pueblo; éste es el primer artículo y fundamento sobre el que se basan los demás; (…) no puede existir poder alguno que no dependa de él; ni asamblea alguna que exista si no es contando con su visto bueno.

Así es cómo, a favor del bienestar de un Estado, se deposita en una misma mano todo el poder. El desperdigar dicho poder es dividir al Estado; es dar al traste con la paz pública.

Por su condición, el príncipe es el padre del pueblo; su grandeza le sitúa muy por encima de los intereses mezquinos; a mayor abundamiento, toda su grandeza y su propio y lógico interés se basan en el que el pueblo sea conservado, puesto que a la postre si le faltase el pueblo, dejaría de ser príncipe. Por tanto, nada mejor que entregar todas las riendas del poder del Estado a aquel que mayor interés tenga en la conservación y en la grandeza del Estado…”

BOSSUET, Jacques Bénigne, Política según las Sagradas Escrituras, 1709.

 

Texto 4

 

“Es preciso que un gobierno bien dirigido tenga un sistema tal que todas las medidas tomadas sean bien razonadas y que las finanzas, la política y la milicia concurran a un mismo objetivo, que es el robustecimiento del Estado y el acrecentamiento de su poder. ... La voluptuosidad o la imbecilidad son las causas que impiden a los príncipes trabajar en el noble empleo de lograr la felicidad de sus súbditos".

Federico II de Prusia (1712-1786)

 


miércoles, 1 de julio de 2026

TEXTOS. HISTORIA DE ESPAÑA SIGLO XXI

 


2010

Sobre la prohibición de fumar

Ley 42/2010, de 30 de diciembre por la que se modifica la Ley 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco. «BOE» núm. 318, de 31/12/2010.

«Artículo 7. Prohibición de fumar.

Se prohíbe fumar, además de en aquellos lugares o espacios definidos en la normativa de las Comunidades Autónomas, en:

a) Centros de trabajo públicos y privados, salvo en los espacios al aire libre.

b) Centros y dependencias de las Administraciones públicas y entidades de Derecho público.

c) Centros, servicios o establecimientos sanitarios, así como en los espacios al aire libre o cubiertos, comprendidos en sus recintos.

d) Centros docentes y formativos, salvo en los espacios al aire libre de los centros universitarios y de los exclusivamente dedicados a la formación de adultos, siempre que no sean accesos inmediatos a los edificios o aceras circundantes.

e) Instalaciones deportivas y lugares donde se desarrollen espectáculos públicos, siempre que no sean al aire libre.

f) Zonas destinadas a la atención directa al público.

g) Centros comerciales, incluyendo grandes superficies y galerías, salvo en los espacios al aire libre.

h) Centros de atención social.

i) Centros de ocio o esparcimiento, salvo en los espacios al aire libre.

j) Centros culturales, salas de lectura, exposición, biblioteca, conferencias y museos.

k) Salas de fiesta, establecimientos de juego o de uso público en general, salvo en los espacios al aire libre.

l) Áreas o establecimientos donde se elaboren, transformen, preparen, degusten o vendan alimentos.

m) Ascensores y elevadores.

n) Cabinas telefónicas, recintos de los cajeros automáticos y otros espacios cerrados de uso público de reducido tamaño. Se entiende por espacio de uso público de reducido tamaño aquel que no ocupe una extensión superior a cinco metros cuadrados.

ñ) Estaciones de autobuses, salvo en los espacios que se encuentren al aire libre, vehículos o medios de transporte colectivo urbano e interurbano, vehículos de transporte de empresa, taxis, ambulancias, funiculares y teleféricos.

o) Todos los espacios del transporte suburbano (vagones, andenes, pasillos, escaleras, estaciones, etc.), salvo en los espacios que se encuentren por completo al aire libre.

p) Estaciones, puertos y medios de transporte ferroviario y marítimo, salvo en los espacios al aire libre.

q) Aeropuertos, salvo en los espacios que se encuentren al aire libre, aeronaves con origen y destino en territorio nacional y en todos los vuelos de compañías aéreas españolas, incluidos aquellos compartidos con vuelos de compañías extranjeras.

r) Estaciones de servicio y similares.

s) Cualquier otro lugar en el que, por mandato de esta Ley o de otra norma o por decisión de su titular, se prohíba fumar.

t) Hoteles, hostales y establecimientos análogos, salvo en los espacios al aire libre. No obstante, podrán habilitarse habitaciones fijas para fumadores, siempre que cumplan con los requisitos establecidos en el artículo 8.

u) Bares, restaurantes y demás establecimientos de restauración cerrados.

v) Salas de teatro, cine y otros espectáculos públicos que se realizan en espacios cerrados.

w) Recintos de los parques infantiles y áreas o zonas de juego para la infancia, entendiendo por tales los espacios al aire libre acotados que contengan equipamiento o acondicionamientos destinados específicamente para el juego y esparcimiento de menores.

x) En todos los demás espacios cerrados de uso público o colectivo.»