EL ARTE EGIPCIO. TEMPLO DE KHONSU EN
KARNAK
INTRODUCCIÓN
La población del valle del Nilo, instalada desde
antes del año 5000 a de C., para el 3000 a de C. entra en el ámbito de la
Historia desarrollando una cultura y unas manifestaciones artísticas llenas de
personalidad. Su arte, unitario a lo largo de 3.500 años, se define por su
carácter fundamentalmente oficial, finalidad religiosa y funeraria, y gusto por
las formas cúbicas.
El arte egipcio está muy relacionado con el
medio en el que se desarrolla. Este medio influye en
diferentes aspectos: por un lado, el medio geográfico, el valle
del Nilo, la vida y el arte se insertan dentro de ese marco geográfico –Egipto
es un don del Nilo- que determina una cultura cerrada que hace un arte impermeable
a influencias exteriores, que va a evolucionar poco y cuando lo va a hacer
va a ser sobre sus propias formas debido a la falta de comunicación con el
exterior. Por otro lado, el medio va a determinar unos materiales
que nos indican una despreocupación por la vida terrestre y un deseo de eternizar
la moral del difunto y del dios, por lo que el arte muchas veces está en
función de templos y tumbas. Esto está relacionado con los dos factores
de terminantes del arte que también vienen dados por el
medio: el faraón y la religión. En Egipto tanto las formas de
vivir como el arte están supeditados a la religión y al Faraón
como máximo representante de las dos ramas, religiosa y política.
La
concepción religiosa en
el arte y en la vida del pueblo egipcio posee mucha fuerza: creían en la
prolongación de la vida después de la muerte, así como que el difunto
debía seguir realizando sus funciones vitales; de ahí la necesidad de
conservación de los cuerpos que en principio se conseguía por la misma sequedad
del desierto y más tarde por las técnicas de momificación. El hombre egipcio se
salta la muerte.
Así,
el faraón y los sacerdotes van a ser los principales clientes. Se trata de un arte
áulico (palaciego) y oficial, que se desarrolla en virtud
de la religión fundamentalmente, y a esta está vinculado el faraón. No es
por tanto un arte autónomo.
El
arte egipcio está siempre sometido a unas normas, imposiciones
desde la corte, por esto es muy semejante y monótono, tan homogéneo. Es un arte
estereotipado en el que se valora más la precisión del acabado que la
originalidad. Además, tienen un gran carácter simbólico y mágico.
No respondía a una inquietud estética, por tanto, el artista no debía
investigar nuevos temas o técnicas, ni buscar la originalidad en los mismos. No
obstante, a pesar de esta inmovilidad, hoy, ya se observa como el arte egipcio
ha evolucionado.
Los
artistas egipcios
van a permanecer, en líneas generales, en el anonimato, aunque se
conocen algunos artistas ya del Imperio Antiguo. De los artistas los más considerados
son los arquitectos, que se relacionan con los clientes. Sin embargo, los
pintores y escultores son considerados como simples artesanos.
Habrá
dos tipos de talleres: los talleres oficiales, que están en torno a los
palacios y los templos y es donde se forman los grandes artistas y obras, y los
talleres privados, destinados a clientes que no estuvieran relacionados ni con
la monarquía ni con la religión. De estos últimos se han conservado muy pocas
obras, entre otros motivos debido a que utilizaban materiales más endebles y,
por tanto, más perecederos que los talleres oficiales.
Arquitectura egipcia.
De la arquitectura egipcia siempre recogemos sus
manifestaciones más imperecederas y siempre en relación directa con función
religiosa o funeraria.
Sus caracteres se fijan en la III dinastía,
Imperio Antiguo, y responden a intenciones de orden y constancia.
Utilizan como material de construcción la
piedra –disponen de ella-, con medidas precisas, en bloque unidos a hilera
viva.
Sus elementos constructivos son los propios de un sistema
arquitrabado:
- Muro grueso, en talud y reatado
en gola (caveto) (desde el Imperio Medio), parámetros lisos de gran tamaño.
Principio de encuadramiento de puertas y ventanas. Predomina el macizo sobre el
vano. Refleja afán de masa y estabilidad.
- Los soportes
juegan un importante papel y son de diversos tipos: Columnas de gruesas
proporciones e inspiración vegetal (lotiforme, papiriforme, campaniforme),
columnas protodóricas o pilares (geométricos, osiríacos, hathóricos...).
- Las cubiertas son planas,
formadas por gruesas losas que descansan sobre pesadas vigas, si bien a menor
escala se utilizó la falsa bóveda por aproximación de hiladas.
Los elementos decorativos
arquitectónicos, escultóricos y pictóricos son abundantes y de temas diversos:
figurativos, símbolos, inscripciones..., si bien están ausentes en las imágenes
para el comentario.
Los valores plásticos están cuidados y se
orientan a exaltar la masa, el peso.
- Se concede gran
importancia a la proporción y, en consecuencia, a la
armonía, y también a la simetría.
- No hay
un sentido claro del espacio interno.
Está concebido a una escala grandiosa, y sumido
en la penumbra, pues la luz, que penetra por lucernarios o ventanas con celosía
situadas en la parte alta del muro, es escasa y modulada.
Se desinteresa por la ordenación interna del
muro (se limita a decorarlo, ausente en las imágenes a comentar), y en cuanto a
la disposición de elementos, responde a un ordenamiento con un eje de dirección
longitudinal.
Los volúmenes exteriores son en cambio muy plásticos y
geométricos.
Es una arquitectura monumental,
propagandística y ritual.
Su función religiosa y funeraria la convierte en expresión de unas ideas
religiosas, a las que se adapta la forma, llegando a convertirse en una
arquitectura-símbolo. Queda, de este modo, muy limitada la posibilidad de
expresión personal del artista, casi siempre anónimo y que solo en obras y
momentos excepcionales podrá hacer una creado, libre.
Las tumbas, reservadas en un principio solo
a los faraones, presentan diversos tipos de simples fosas a mastabas,
pirámides, que desaparecen afines del Imperio Antiguo, hipogeos, tumbas
rupestres, se generalizan desde el Imperio Medio v Nuevo.
Los templos presentan también variedad
tipológica, e interesan a partir del Imperio Nuevo. El templo divino,
cuyo modelo se fija en la dinastía XVIII (sus características, corresponden con
el ejemplo elegido para el comentario).
TEMPLO DE KHONSU[1] EN KARNAK
ANÁLISIS
El dibujo nos presenta, de forma bastante
completa, la planta y alzado, en un corte longitudinal, isométrico, de un
templo egipcio, en este caso del templo
de Khonsu atribuido a Ramsés III, en el Imperio Nuevo (1800
A.C.) en cuyo interior también se encontraron inscripciones con los nombres de
Ramsés IV y Ramsés XI. Este templo se utiliza como modelo didáctico.
La planta es, básicamente, rectangular,
y está dividida transversalmente en unidades de diferente tamaño. Una
distribución ortogonal, con dominio de la línea recta.
La sección nos indica que el edificio va
precedido de una avenida, bordeada de esculturas, que acaban ante una fachada
monumental, formada por dos gruesos muros macizos, entre los que se abre una
puerta trapezoidal. La estructura básica de esta construcción era la típica de
los recintos religiosos del Imperio Nuevo. El edificio se articulaba en torno a
una planta con un eje longitudinal que simbolizaba al río Nilo que atravesaba
Egipto por la mitad. El primer recinto, el más grande y alto, es hípetro (sin
techumbre) en la parte central. Los sucesivos compartimentos muestran
progresivamente una disminución en sus dimensiones y en su altura, pues la
cubierta desciende y el pavimento se eleva. Creando una
disminución gradual de la luz hasta que todo quedaba sumido en la penumbra.
El material,
que las características del edificio indican se trata de piedra, material noble
que contribuye a su grandiosidad y solidez. El contraste de superficies y
ángulos acentúa su carácter natural.
Los elementos constructivos son los propios de un sistema arquitrabado.
El muro es grueso, con declive en
la parte exterior aunque sea vertical en el interior, a excepción de los
grandes pilonos de la entrada que son en talud por ambas caras.
Los paramentos no presentan
divisiones ni acusan el aparejo: dan superficies lisas, aptas para recibir
decoración. Domina el macizo: en el muro no aparecen vanos de iluminación,
tanto por razones técnicas (peso inmenso de las cubiertas) como estéticas
(delimitan con claridad el recinto y lo aíslan).
El elemento sustentado. Como soportes se utilizan, de forma abundante, las
columnas. Son enormes, de proporción maciza y forma inspirada en motivos
vegetales: la basa es un disco sencillo, el fuste liso o fasciculado y el
capitel con forma de capullo cerrado o flor abierta (campaniformes, lotiformes...).
Llevan encima un cubo sobre el que descansa el arquitrabe. Están situadas muy
cercanas entre sí, debido al peso de las cubiertas, pero con ello incrementan
la sensación de grandiosidad.
El elemento sustentante. Las cubiertas son planas, formadas por losas de piedra sobre vigas, también de
piedra, de sección rectangular. En el último recinto se abren en ellas
lucernarios de iluminación.
Juegan un importante papel en acentuar la
volumetría cúbica de los exteriores, así como en la creación de un determinado
espacio interno (como ya hemos indicado en la descripción de la lámina, la
cubierta tiene diferentes niveles, disminuyendo su altura desde la entrada
hasta el último reducto).
Decoración. Los elementos
decorativos no son apreciables en la lámina, pero cabe pensar que las hay,
de hecho, sabemos que fue decorado en diferentes momentos:
Esculturas de bulto redondo (bordeando la avenida y posiblemente
en otros lugares),
Bajorrelieves en pilonos, fustes de columnas, parte interna del
muro, cara interior de las losas del techo...
Molduras: aparece la «gola» en el remate exterior de muros y
comisas.
La pintura tendrá también gran importancia, completando los
bajorrelieves, en techos, muros, columnas, contornos de las puertas...
Su carácter será figurativo o vegetal
estilizado, con temática alusiva a ritos religiosos o exaltación del monarca.
Los valores plásticos. Los valores plásticos han sido objeto de un interés especial.
Es una obra muy proporcionada y armónica, cuyo diseño se
basa en la repetición de ciertas medidas que aparecen en planta y alzado. Las
estructuras son sólidas y equilibradas, con unas dimensiones que abruman a
escala humana.
La simetría resulta
también evidente, tanto en el reparto de masas, respecto a un eje regulador,
como por el efecto de repetición de motivos (filas de esfinges, hileras de
columnas...).
Los volúmenes exteriores son
puros y masivos, destacando las formas esterométricas simples y la estricta
organización geométrica, que se acentúa con superficies planas, sin sombras. Su
aspecto, hermético y neutral, no refleja la realidad interior, semejando más
bien un gran objeto escultórico situado en un espacio ilimitado.
El espacio interior no tiene
correspondencia con los exteriores. Está concebido a escala grandiosa por sus
dimensiones, pero responde a un concepto cueviforme. Se ordena de acuerdo con
un plan ortogonal y según un eje longitudinal que da, a todas y cada una de las
partes, el carácter de lugar de paso.
El
tratamiento de la luz es muy característico. Esta, poco abundante, penetra por
las aberturas situadas en la parte superior del muro, a través de rejas de
piedra, o por lucernarios estrechos, que solo permiten pasar finos rayos. Su
intensidad disminuye del patio abierto, hasta el santuario. Se asociaría al
color de vivas tonalidades, que cubriese el edificio en su práctica totalidad.
Sobre el modelo, Khonsu
Los elementos analizados ¾sistema arquitrabado, gran desarrollo de la columna, la tendencia
a la monumentalidad y perennidad...¾, junto
con la forma misma del edificio, nos muestran las características en Khonsu del
arte egipcio.
Se trata de una de las obras más
representativas de esta arquitectura, un ejemplo de templo, creado en el
Imperio Nuevo y que dio pauta a los que en el futuro se hiciesen en Egipto.
Constaba este
de partes fijas:
a) Avenida
de esfinges que conduce desde la ribera del río hasta el recinto del
templo, acaba ante la fachada del templo, ante la puerta monumental. En el caso
de Khonsu una larga avenida de esfinges con cabeza de carnero conducía hasta la
entrada monumental del templo, tenían la misión de vigilar y proteger el
edificio. Los dos obeliscos aluden a
la morada del dios, a la relación entre lo terrestre y lo solar o sagrado. Los
obeliscos estaban decorados con escenas en relieve de temas históricos o
religiosos o sacrificio de prisioneros por parte del faraón en presencia del
dios al que estaba dedicado el templo, un programa iconográfico que continuaba
en el interior.
b) Entrada
del templo, la puerta, entre dos pilonos. Dos moles trapezoidales en talud
(el término puede utilizarse también para toda la puerta), que representaban
los acantilados de cada lado del valle del Nilo, pero también eran, a la vez,
las dos montañas que flanquean el disco solar. En cada uno de los pilonos se
encajaban dos mástiles para las banderas que simbolizaban la presencia del
dios.
c) Patio hípetro o sala hípetra, bordeado de un pórtico con columnas en doble fila,
por tanto, abierta por la parte superior, aún es lugar público. Esta sala
acogía un altar para los sacrificios. A esta primera estancia podía acceder
todo el pueblo para depositar ofrendas y albergaba numerosas estatuas
monumentales de los faraones, a imitación de los colosos exteriores, con
escenas narrativas de sus hazañas o imágenes de adoración. Las columnas están
hechas con grandes sillares y son de capitel cupiliforme. Su decoración fue
encargada por Ramsés XI (1099-69) a Herihor, un antiguo general y gran
sacerdote de Amon-Ra que después se convertiría en faraón de la XXI dinastía.
d) Sala
hipóstila, techada y con múltiples columnas, lugar para iniciados. Recibe
el nombre de hipóstila porque contiene un bosque de columnas altas y gruesas
que sostienen una cubierta arquitrabada. Podía estar precedida por un
vestíbulo. La sala hipóstila tenía la función de salón de recepción del dios.
El acceso a la sala hipóstila estaba restringido a los altos funcionarios,
escribas y gente noble. Ocho columnas campaniformes sustentan la cubierta,
plantas acuáticas que simbolizaban el pantano de la creación. Los arquitrabes y
el techo tenían relieves y pinturas que representaban el cielo. Sobre los muros
se reproducía la actividad del faraón como mediador ante los dioses, portando
ofrendas o haciendo ritos en honor del dios Jonsu.
e) La
tercera estancia corresponde a las dependencias del dios. Se reparte entre
varias cámaras, que albergan la barca
sagrada y otros tesoros, y finalmente se halla el santuario o sancta sanctórum, que es la sala más profunda, estrecha
y baja del templo, donde se guardaba la imagen del dios en el tabernáculo
realizado en piedra, granito o madera, oculta a todos los ojos excepto al
faraón y a los sacerdotes, los únicos capaces para el elaborado ritual diario,
que comprendía tres actos diferentes: las ceremonias preliminares, el despertar
y atavío del dios y la comida.
Su
función básica era hacer visible un
concepto del mundo y la vida, regido por un sistema de relaciones muy
ordenadas y formalizadas, que era fácilmente comprendido en su contexto
cultural.
Es un templo-símbolo
¾el primer ejemplo que aparece en la historia de la arquitectura de
un sistema simbólico integrado¾, recrea un orden eterno y
visualiza conceptos-clave del
pensamiento egipcio, como son su visión del cosmos y del discurrir de la vida.
Está formado por elementos con
diferentes funciones en el conjunto, pero todas responden a una coherencia lógica y son interdependientes, no solo en el sentido estructural, sino
también en el símbolo que encierran:
El material,
duro y resistente, es perenne como lo
son los dioses.
Los muros, con su forma en talud, aluden al
descenso de la divinidad del cielo al suelo.
Las
columnas, inspiradas en la flora del país,
son emblemas de fertilidad,
simbolizando las plantas sagradas que nacen del cielo y proporcionan protección
y sustento a la tierra y al hombre. Sin ellas (elemento sustentante), el cielo
-techo- caería sembrando la destrucción en la tierra -suelo-.
La gradación
de la luz y diferente tamaño de las salas es, asimismo, un símbolo, pues
materializa la jerarquización de los que a ellas acceden, a la vez que el
misterio de las ceremonias.
El modo de organizar el
espacio interno responde, por su parte, a una interpretación realista, y a la vez muy imaginativa, de una serie de rasgos
existenciales básicos para el egipcio.
Worringer, gran desmitificador de las entusiastas interpretaciones
decimonónicas del arte egipcio, negó que la arquitectura egipcia llegara a
crear espacios expresivos, insistiendo en la preeminencia de lo plástico sobre
lo espacial. En consecuencia, definió el espacio
creado en esta arquitectura como dolménico
y encaminado a lo utilitario, es decir, a las necesidades del rito. En esta
misma línea Riegl habló de «horror al espacio» y de cómo el ingenio
del arquitecto se puso más al
servicio de su negación que de su
afirmación.
Investigaciones posteriores han matizado estos
juicios, admitiéndose que si bien en esta arquitectura no se sintió el espacio
como totalidad sí se hizo
fragmentariamente, pues existe profundidad y dirección.
COMENTARIO
El templo es una retícula simbólica
de verticales y horizontales, lo que hace del edificio un símbolo del orden absoluto. El
recorrido axial crea una síntesis totalizadora: es un camino que no invita a la
permanencia. Una espesura de columnas, desproporcionadas a las necesidades de
sustentación, anula el efecto de espacio de las grandes salas, acrecentándose,
además, por el hecho de que los intercolumnios sean inferiores al volumen de
las masas. Del mismo modo actúan las series de relieves, que se suceden en una
misma dirección y la enfatizan.
Las formas arquitectónicas encarnan así un concepto fundamental
para el hombre egipcio, que se veía caminando por la estrecha senda de la vida,
en una única dirección hacia la muerte.
La idea del eterno vagar es básica y podemos apreciarla en otros
elementos del templo, como son la barca, símbolo solar y funerario, las
avenidas que conducían al templo y los caminos sagrados que unían diversos
templos y que eran recorridos en los festivales estacionales.
Este carácter divino que, en consecuencia, tenía la construcción,
explica, por otra parte, el complicado ritual con que se procedía en sus obras
(por ejemplo en sus cimientos se incluían piedras procedentes de templos
anteriores, a modo de semillas que diesen mayor fuerza espiritual al nuevo
edificio), así como el hecho de que fuese el faraón, un dios, su promotor.
El templo de Karnak (Tebas)
se elevaba en el complejo recinto de Amón, dentro del gran conjunto
religioso de Karnak.
Es una obra no muy grande -70 m de longitud por 30 m de anchura-,
y ocupaba el ángulo Suroeste del gran recinto amurallado.
Se comenzó a construir en época de Ramsés III y, pese a ser
reconstruido en otros momentos, conserva casi intacta la planta simple y clara,
aspecto interesante si tenemos en cuenta que los egipcios no tuvieron reparos
en yuxtaponer edificios para aumentar la función religiosa, por lo que el
santuario de Amón de este mismo recinto muestra una traza complicada, diferente
de la original, con múltiples reconstrucciones y ampliaciones de diversos
soberanos.
Se ajusta a las normas establecidas y, como es habitual en el arte
egipcio, es anónima.
Podemos señalar, sin embargo, algunas pequeñas peculiaridades que
la distinguen como son la existencia, en la terraza, de una sala con dos
pilares, dedicada al sol, o la cripta bajo el vestíbulo.
Otro dato excepcional de esta obra es el hecho de que a lo largo
del tiempo fuese sede del culto a Jonsu, durante la primera época, y luego
pasase al culto de Amón, desde el reinado de Heritor, circunstancia que no
afectó más que a la decoración mural de la sala hipóstila, patio y los pilonos.
Si nos acogemos a los
principios del historiador del arte suizo Heinrich Wölfflin
que entiende que en toda obra de arte hay una evolución interna de las
formas como creación autónoma de la imaginación (no intelectual) y
como emoción estética (no volitiva), quedando lo demás a un segundo
plano, nunca eliminado, nos referimos al contexto social, religioso, económico
y político de los cuales ya hemos hablado, el templo de Khonsu dentro del
formalismo wölffliniano se inscribe en el principio de lo lineal por su
clara definición de la líneas, estructuras adinteladas, columnas, pilonos en
talud, estructura longitudinal; en el principio de superficie por la
clara organización de la estructura del templo y del espacio donde cada sala
tiene su función perfectamente definida, por la valoración del espacio y los
volúmenes, cada vez más pequeños pese a sus formas majestuosas; en el principio
de forma cerrada por el equilibrio armónico de todas las partes del edificio,
pese a sus grandes volúmenes de sus proporciones y componentes, todas las
partes están enlazadas entre sí tienen sentido, significado y conexión entre
ellos, todo marcado por el valor del hecho religioso de la civilización
egipcia; en el principio de claridad ya que el templo de Khonsu se alía
con lo perfectamente firme, lo claramente limitado, la consolidación de lo
permanente, lo manifiesto; y por último en el principio de pluralidad
que entiende el templo de Khonsu como una suma de partes y con función
específica para cada una de ellas.
W. Worringer (1881-1965): Historiador alemán que
desarrolla su método desde la psicología del arte, intentando descubrir los
esquemas mentales de la creación artística a través del análisis de las formas.
Su interés por los aspectos puramente formales de la obra de arte dio paso a la
teorización del arte abstracto.
A. Riegl (1858-1905): Historiador del arte austríaco,
principal representante de la Escuela de Viena, justifica los diferentes
estilos como "cuestión de voluntad", lo que le lleva a recuperar
periodos artísticos hasta su momento desdeñados.
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Además de realizar el análisis y comentario conforme a la estructura establecida en nuestro "Guion para la lectura y comentario de una obra de arquitectura", entre otros recursos para obtener éxito en la oposición de Geografía e Historia hemos aplicado al templo de Khonsu los cinco principios del formalismo de Wölfflin.
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