EVOLUCIÓN DE LA NATALIDAD Y MORTALIDAD EN ESPAÑA

Fuente: INE
Presentación / Introducción
Esta gráfica lineal múltiple, referida a los
movimientos naturales de la población española, refleja la evolución de las
tasas de natalidad, mortalidad y el crecimiento vegetativo o natural español
desde 1858 hasta el año 2020. Si bien, recoge la fuente de los datos
procedentes del INE, no así la fecha de elaboración.
Las Tasas
Brutas de Natalidad y de Mortalidad expresan el número de nacidos –o
fallecidos respectivamente-- en una población en un año por cada mil
habitantes. El crecimiento natural o vegetativo indica la diferencia entre
ambas, y se expresa en tantos por ciento.
A lo largo de este siglo y medio las tasas de
Natalidad y de Mortalidad experimentan una clarísima reducción (en un tercio),
pasando la natalidad de cifras superiores al 35‰ en el siglo XIX al 7,19 10‰ en
el 2020, mientras la mortalidad se reduce desde cifras que superaban el 30‰ al
8 o 9‰.
El crecimiento que la población española ha vivido a
lo largo de los últimos ciento treinta años en una trayectoria discontinua,
escalonada en una serie de fases sucesivas, que ponen de manifiesto los
sensibles cambios producidos en las dos grandes variables sobre las que se basa
el crecimiento natural: natalidad y
mortalidad.
La gráfica incluye como crecimiento natural positivo ya que en la diferencia entre la
natalidad y la mortalidad en casi toda la gráfica domina la tasa de natalidad, y
también recoge el crecimiento natural
negativo donde, por el contrario, la tasa de mortalidad se eleva
ligeramente por encima de la tasa de natalidad, en este caso, solo se produce
en cuatro momentos diferentes:
ü
uno por la
epidemia de cólera de 1885,
ü
el segundo la
epidemia de gripe de 1918, en ambos casos por incremento de la tasa de
mortalidad,
ü
el tercero caso la
guerra civil española, 1936-1939, en este caso tanto por el incremento de la
tasa de mortalidad como por la disminución de la tasa de natalidad, más elevada
en este caso y
ü
por último, el
año 2015 en el cual la tasa de mortalidad supera ligeramente a la tasa de
natalidad. Unos años antes ya estaban muy próximas las dos tasas, como puede
observarse en el gráfico, producto de un país envejecido (ciclo demográfico
moderno desde 1975). A partir pues del año 2015 se produce una inversión de la
tendencia ya que un país con crecimiento vegetativo positivo pasa, en 2015, a
crecimiento vegetativo negativo que se mantiene hasta la actualidad.
Análisis
1.
Primera
Fase, hasta 1900
La principal
característica son las altas tasas de mortalidad y natalidad; y el bajo
crecimiento vegetativo. Ciclo demográfico antiguo.
Hasta comienzos del siglo XX se observan unas elevadas tasas de natalidad y mortalidad.
La natalidad (en una época de carencias
de sistemas de control y de estructura socioeconómica agraria en la que los
hijos son una ayuda para el trabajo en el campo) se mueve por encima del 35‰
por mil. La mortalidad (en una
sociedad de alimentación escasa y desequilibrada y alta incidencia de
enfermedades infecciosas) supera el 30‰.
El crecimiento
vegetativo era también reducido, en torno al 0,5% anual. Se observan además
acusadas oscilaciones en el crecimiento, debidas a la mortalidad epidémica,
como el cólera de 1885, que dio lugar a una situación de crecimiento vegetativo
negativo.
Las
epidemias de cólera en España en el siglo XIX afectaron principalmente a los grandes núcleos urbanos principalmente
en la costa y a la mitad oriental de la península, además provocaron momentos
de recesión económica[1] y
cambios en la sanidad e higiene. El cólera era una de las más temidas por la sociedad, pero
no era la única que azotaba al país: un ejemplo era la fiebre amarilla y la viruela.
Los tres grandes momentos de epidemia de cólera en el
siglo XIX fueron:
1.- En 1833-34, en plena guerra carlista, con unas
260.000 muertes.
2.- En 1854-55, en el bienio progresista tras la
Vicalvarada de O’Donnell, con unas 120.000 muertes.
3.- En 1885, año de la muerte de Alfonso XII
(tuberculosis, no de cólera), en la España de la Restauración, y el inicio de la
regencia de María Cristina, también se ha estimado el número de muertes en
120.000.
Entre las características de este último brote,
recogido en el gráfico, destacaremos, primero, que surgió cuando ya se conocía,
pues Robert Koch ya había descubierto el origen de la enfermedad, en forma de
bacilo, en 1883 y desde este mismo año se produjo su combate científico, segundo
tiene su primer foco en Valencia y desde allí se extiende a toda la península,
y tercero “menos intensa y con menos profusión por las zonas del interior que
en años anteriores, presentó caracteres similares por mortalidad específica (7‰),
siendo el indicador a escala nacional de 37,9‰)” (M.ª Pilar Rodríguez Flores y M.ª
José Antona Rodríguez, 1999: 20).
2. Segunda
Fase (desde 1900 hasta mediados de los años setenta del siglo XX): descenso de
la mortalidad y de la natalidad; elevado crecimiento vegetativo (dos paréntesis: 1918 y Guerra Civil). Fase de la
Transición Demográfica.
Al comenzar
el siglo XX se inicia el proceso de paulatina
reducción, suave y de forma discontinua hasta mediados de los setenta,
de las tasas de natalidad y de mortalidad. Primero desciende, y de
forma notable, la mortalidad, y a continuación con una ligera demora, y cifras
algo menores, la natalidad. Esto permite un crecimiento vegetativo con cifras
en torno al 1% anual en este período.
La disminución de la mortalidad en
España a lo largo del siglo XX fue fruto de la acción combinada de los
progresos médicos (vacuna contra la viruela), la mejora de las condiciones
higiénicas y la disponibilidad de mayores recursos económicos (mayor producción
de alimentos). El progresivo descenso de la fecundidad hasta 1935 se explica
por el aumento en la edad de contraer matrimonio propio de una sociedad que se
va industrializando; este proceso de industrialización paralelo al de
urbanización se ve facilitado y en parte acelerado por el desarrollo de la
Primera Guerra Mundial: España al no participar en la contienda se convierte en
uno de los principales abastecedores lo que impulsa el desarrollo de la
producción.
Este crecimiento de la población se interrumpe con la
epidemia de gripe (la “gripe española”)
de 1918, que lleva el crecimiento
vegetativo a valores negativos, según Franco Aliaga del 4‰.
Una vez superada la epidemia, el crecimiento
vegetativo se recupera, volviendo los índices de natalidad a los valores
anteriores. Además de ser una recuperación demográfica típica de los años
posteriores a una crisis, coincide con la relativa prosperidad económica de la
época (los “felices 20”) y el final
de la guerra del Norte de África.
La Guerra
Civil y la inmediata posguerra (años
40) suponen un nuevo paréntesis en esta evolución, ya que aumenta la mortalidad
y sobre todo desciende la natalidad (iniciada en los años treinta con la crisis
económica y la inestabilidad de la 2ª Republica), tanto por la sobremortalidad
masculina en el frente como sobre todo por la subnatalidad, debida a la guerra
y posguerra más inmediata, en la que muchos varones llenan las cárceles o se
ven obligados a exiliarse. El crecimiento vegetativo se coloca en valores
negativos.
En la
postguerra (a partir de 1940) se
inicia el ascenso de la natalidad, pero los valores anteriores ya no se
alcanzan debido a las duras condiciones de la posguerra (aumento del número de
exiliados, “generación hueca”, difíciles condiciones económicas, bloqueo
internacional...), y natalidad y mortalidad experimentan fluctuaciones más
acusadas en relación con los problemas económicos del período autárquico. En
España no se produce inmediatamente el fenómeno conocido como “baby boom”
postbélico, sino que debido a las duras condiciones de la posguerra se retrasa
esta recuperación demográfica hasta los años 50.
A mediados de
los cincuenta y primeros setenta (años
del " desarrollismo" económico) se registra un fuerte crecimiento vegetativo,
el más alto del siglo (alcanza el 1,5% anual), consecuencia del descenso de la
tasa de mortalidad hasta valores muy bajos (por debajo del 10% anual), mientras
se produce un repunte de la tasa de natalidad. Esta recuperación coincide con
la ruptura de la política autárquica y del aislacionismo exterior y con el
inicio de una nueva etapa de mayor prosperidad, la de la modernización.
Entre 1955 y 1965 se produce la recuperación de la
natalidad (el baby boom) español[2]. Al
mismo tiempo, los progresos de la medicina (generalización de la Seguridad
Social) y de la pediatría y la mejora de la situación económica (superándose la
malnutrición y la escasez) reducen la mortalidad, y de forma destacada la
mortalidad infantil.
Entre 1965 y 1975 el crecimiento natural se desacelera
por el declive paulatino de la natalidad, mientras se mantienen estables las
tasas de mortalidad. Este hecho está relacionado con la consolidación de una
sociedad urbana e industrial.
3. Tercera
Fase (entre 1975 y actualidad)
Se caracteriza por bajas tasas de natalidad y de
mortalidad y crecimiento vegetativo bajo. España entra
en el llamado Ciclo demográfico moderno.
Desde 1975 el índice de crecimiento natural crece en picado
debido al acelerado descenso de la natalidad y al ligero aumento en la tasa de
mortalidad debido al envejecimiento de la población. El control de la
natalidad está relacionado con la crisis económica pero también con el nivel de
desarrollo económico y cultural alcanzado y los cambios de mentalidad social,
en una sociedad que se seculariza y supone la caída de nupcialidad,
legaliza los anticonceptivos e incorpora la mujer al trabajo.
Todo ello provoca los grandes descensos de la natalidad de 1976 a 1985. Las
provincias con mayores descensos son las más envejecidas que coincide con
aquellas que sufrieron la emigración en las décadas anteriores (éxodo rural) y
en consecuencia ya partían de una bajada de las tasas de natalidad.
La consecuencia de esto es la disminución del saldo
vegetativo que tiene unos valores críticos en los años comprendidos entre 1994
y 1996 en los que el crecimiento natural estaba muy próximo a cero (en el año
1995 la tasa de natalidad, con el índice más bajo[3] de
todo el siglo XX, es de 9,7‰ y el índice medio de
hijos por mujer de 1,14).
A partir de 1996 ligera recuperación demográfica, con
un ligero incremento de TBN y tímido retroceso de la TBM.
La evolución del número de nacimientos es claramente
descendente hasta el año 1996 en el que se invierte la tendencia y comienza a
producirse un ligero aumento de la tasa de natalidad que se debe al efecto
natalista de la inmigración (tiene una tasa de fecundidad mayor que la española
y rejuvenece la población aumentando los efectivos en edad fértil), y, en menor
medida, a una ligera reactivación de la natalidad en la población española. El
saldo vegetativo es positivo, más alto que los años anteriores, durante la
última década del siglo XX y primeros años del siglo XXI por la inmigración que
provoca la llegada de población en edad de procrear.
Un año después de la crisis económica de 2008 se
produce nuevamente un descenso de las tasas de natalidad y en los años 2015 y
2016 la tasa de mortalidad supera a la natalidad por el envejecimiento de la
población.
Comentario
La gráfica representa el modelo de “transición demográfica” vivido por la
población española en el siglo XX con un crecimiento acelerado de la población.
Para algunos autores la “transición demográfica española” va de 1893 a 1985. En
este período se pasa de un régimen
demográfico antiguo (hasta comienzos del siglo XX), con altas tasas de
natalidad y mortalidad y escaso crecimiento vegetativo, al régimen demográfico moderno (desde mediados de los setenta), con
bajas tasas de natalidad y de mortalidad y escaso crecimiento vegetativo.
En el ciclo demográfico antiguo encontramos
un bajo
nivel de vida y unas precarias condiciones médicas y sanitarias.
Malnutrición y debilidad de la población por la dieta alimenticia escasa y desequilibrada.
Elevada mortalidad general por epidemias,
guerras y malas cosechas. Enfermedades
infecciosas, tuberculosis, bronquitis, pulmonía, gripe, diarreas. Atraso de la medicina, desconocimiento de la transmisión de las
enfermedades, falta de higiene
pública y privada (recogida de basuras, …). Elevada mortalidad infantil.
La transición
demográfica española se ha producido con un cierto retraso respecto al
mundo desarrollado, y con unas características
peculiares, resultado en gran parte de los efectos del retraso de la
modernización económica de España. Uno de los rasgos más originales del modelo
español es que el descenso de natalidad y mortalidad durante la primera
mitad del siglo XX es muy similar, aunque no existe la fase de descenso de
la mortalidad mientras se mantiene alta la natalidad. Por ello, el máximo
crecimiento vegetativo español acontece justamente al final de la transición, y
no en la fase central, como en otros países de Europa Occidental.
El descenso de
la natalidad, unido al aumento de la esperanza de vida, puede provocar el
envejecimiento de la población, fenómeno que ya se está acusando hoy. Entre las
consecuencias más importantes de
esta evolución de población se pueden destacar el incremento de población
anciana dependiente cuyo mantenimiento económico (jubilación, asistencia sanitaria...)
recaerá sobre el grupo de población activa que potencialmente tiende a
disminuir.
Otras consecuencias tienen un carácter más político o
social como la tendencia al conservadurismo
por el envejecimiento de la población o la necesidad de incorporar más
trabajadores procedentes de otros países ante la falta de población joven. Por
todo ello los gobiernos suelen poner en práctica políticas pronatalistas
(subvenciones de vivienda, escolares, salariales, incremento de licencias
laborales por maternidad, etc.) que incentiven la natalidad.
Desde
finales del siglo XX y los primeros años del siglo XXI hasta la actualidad se han producido algunos cambios
muy significativos en las tasas de natalidad y mortalidad de la población
española.
Primero, a finales del siglo XX y primeros años del
siglo XXI se incremento la tasa de natalidad con posterioridad a 1998 (año en
el cual el crecimiento natural anual de la población española se cifró en el
0,17%, el más bajo de la historia reciente, muy próximo al crecimiento cero),
dicho incremento de la tasa de natalidad produjo un ligero aumento demográfico
se debió a la llegada de población extranjera.
Tras la crisis económica de 2008 se ha modificado esa
tendencia; primero, se ha producido
un estancamiento de la tasa de natalidad,
y más tarde, un descenso, provocando que la tasa de mortalidad se sitúe por
encima de la natalidad dándose un crecimiento vegetativo negativo en el año
2015, la caída de los nacimientos ha sido
notable tanto en madres españolas como en madres extranjeras.
Todo
ello ha provocado desde 2015 un cambio en la tendencia situando la tasa de
mortalidad (TBM, 8,8‰ en 2019). ligeramente
por encima de la natalidad (TBN, 7,6‰ en 2019). Este crecimiento vegetativo negativo
supone aplicar medidas para elevar la tasa de natalidad o esperar a la llegada
de la inmigración.
A
pesar de los incrementos de la tasa de mortalidad en el año 2020 por la crisis
del COVID-19, que debemos entender como puntuales,
la tasa de mortalidad difícilmente será más alta que la tasa de natalidad,
sobre todo tras la crisis económica que provocará la crisis del COVID-19 que
incrementará las tasas de paro por ausencia de empleo y acarreará consecuencias
de reducción o parálisis en la tasa de natalidad. Parece lógico en la
actualidad esperar políticas demográficas más contundentes para incrementar la
tasa de natalidad.
ü
Franco
Aliaga, T. (2004). Geografía humana y económica de España.
Madrid. Proyectos Córydon, S.L.
ü Aguilera
Arilla, María José. (2010). Geografía general II. Geografía humana.
Madrid. UNED.
ü Puyol, Rafael
(1996). La población española. Madrid. Síntesis.



[1] La creación de cordones
sanitarios paralizaba las actividades económicas.
[2] Tomás
Franco Aliaga dirá que “el famoso baby boom español habría que situarlo
entre los años 50 y los primeros 70, periodo en el que el saldo vegetativo
anual absoluto y el relativo se sitúan por encima de las 300.000 personas y el
10‰ respectivamente·. Pág. 27.
[3] Solo
superada, a la baja evidentemente, por los años 2015 con el 9,02‰ y el 2016 con
el 8,80‰.