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miércoles, 12 de noviembre de 2025

ARTE EGIPCIO. COMENTARIO DEL TEMPLO DE KHONSU

 

EL ARTE EGIPCIO. TEMPLO DE KHONSU EN KARNAK




INTRODUCCIÓN

La población del valle del Nilo, instalada desde antes del año 5000 a de C., para el 3000 a de C. entra en el ámbito de la Historia desarrollando una cultura y unas manifestaciones artísticas llenas de personalidad. Su arte, unitario a lo largo de 3.500 años, se define por su carácter fundamentalmente oficial, finalidad religiosa y funeraria, y gusto por las formas cúbicas.

El arte egipcio está muy relacionado con el medio en el que se desarrolla. Este medio influye en diferentes aspectos: por un lado, el medio geográfico, el valle del Nilo, la vida y el arte se insertan dentro de ese marco geográfico –Egipto es un don del Nilo- que determina una cultura cerrada que hace un arte impermeable a influencias exteriores, que va a evolucionar poco y cuando lo va a hacer va a ser sobre sus propias formas debido a la falta de comunicación con el exterior. Por otro lado, el medio va a determinar unos materiales que nos indican una despreocupación por la vida terrestre y un deseo de eternizar la moral del difunto y del dios, por lo que el arte muchas veces está en función de templos y tumbas. Esto está relacionado con los dos factores de terminantes del arte que también vienen dados por el medio: el faraón y la religión. En Egipto tanto las formas de vivir como el arte están supeditados a la religión y al Faraón como máximo representante de las dos ramas, religiosa y política.

La concepción religiosa en el arte y en la vida del pueblo egipcio posee mucha fuerza: creían en la prolongación de la vida después de la muerte, así como que el difunto debía seguir realizando sus funciones vitales; de ahí la necesidad de conservación de los cuerpos que en principio se conseguía por la misma sequedad del desierto y más tarde por las técnicas de momificación. El hombre egipcio se salta la muerte.

Así, el faraón y los sacerdotes van a ser los principales clientes. Se trata de un arte áulico (palaciego) y oficial, que se desarrolla en virtud de la religión fundamentalmente, y a esta está vinculado el faraón. No es por tanto un arte autónomo.

El arte egipcio está siempre sometido a unas normas, imposiciones desde la corte, por esto es muy semejante y monótono, tan homogéneo. Es un arte estereotipado en el que se valora más la precisión del acabado que la originalidad. Además, tienen un gran carácter simbólico y mágico. No respondía a una inquietud estética, por tanto, el artista no debía investigar nuevos temas o técnicas, ni buscar la originalidad en los mismos. No obstante, a pesar de esta inmovilidad, hoy, ya se observa como el arte egipcio ha evolucionado.

Los artistas egipcios van a permanecer, en líneas generales, en el anonimato, aunque se conocen algunos artistas ya del Imperio Antiguo. De los artistas los más considerados son los arquitectos, que se relacionan con los clientes. Sin embargo, los pintores y escultores son considerados como simples artesanos.

Habrá dos tipos de talleres: los talleres oficiales, que están en torno a los palacios y los templos y es donde se forman los grandes artistas y obras, y los talleres privados, destinados a clientes que no estuvieran relacionados ni con la monarquía ni con la religión. De estos últimos se han conservado muy pocas obras, entre otros motivos debido a que utilizaban materiales más endebles y, por tanto, más perecederos que los talleres oficiales.

Arquitectura egipcia.

De la arquitectura egipcia siempre recogemos sus manifestaciones más imperecederas y siempre en relación directa con función religiosa o funeraria.

Sus caracteres se fijan en la III dinastía, Imperio Antiguo, y responden a intenciones de orden y constancia.

Utilizan como material de construcción la piedra –disponen de ella-, con medidas precisas, en bloque unidos a hilera viva.

Sus elementos constructivos son los propios de un sistema arquitrabado:

- Muro grueso, en talud y reatado en gola (caveto) (desde el Imperio Medio), parámetros lisos de gran tamaño. Principio de encuadramiento de puertas y ventanas. Predomina el macizo sobre el vano. Refleja afán de masa y estabilidad.

- Los soportes juegan un importante papel y son de diversos tipos: Columnas de gruesas proporciones e inspiración vegetal (lotiforme, papiriforme, campaniforme), columnas protodóricas o pilares (geométricos, osiríacos, hathóricos...).

- Las cubiertas son planas, formadas por gruesas losas que descansan sobre pesadas vigas, si bien a menor escala se utilizó la falsa bóveda por aproximación de hiladas.

Los elementos decorativos arquitectónicos, escultóricos y pictóricos son abundantes y de temas diversos: figurativos, símbolos, inscripciones..., si bien están ausentes en las imágenes para el comentario.

Los valores plásticos están cuidados y se orientan a exaltar la masa, el peso.

 - Se concede gran importancia a la proporción y, en consecuencia, a la armonía, y también a la simetría.

 - No hay un sentido claro del espacio interno.

Está concebido a una escala grandiosa, y sumido en la penumbra, pues la luz, que penetra por lucernarios o ventanas con celosía situadas en la parte alta del muro, es escasa y modulada.

Se desinteresa por la ordenación interna del muro (se limita a decorarlo, ausente en las imágenes a comentar), y en cuanto a la disposición de elementos, responde a un ordenamiento con un eje de dirección longitudinal.

Los volúmenes exteriores son en cambio muy plásticos y geométricos.

Es una arquitectura monumental, propagandística y ritual.

Su función religiosa y funeraria la convierte en expresión de unas ideas religiosas, a las que se adapta la forma, llegando a convertirse en una arquitectura-símbolo. Queda, de este modo, muy limitada la posibilidad de expresión personal del artista, casi siempre anónimo y que solo en obras y momentos excepcionales podrá hacer una creado, libre.

Las tumbas, reservadas en un principio solo a los faraones, presentan diversos tipos de simples fosas a mastabas, pirámides, que desaparecen afines del Imperio Antiguo, hipogeos, tumbas rupestres, se generalizan desde el Imperio Medio v Nuevo.

Los templos presentan también variedad tipológica, e interesan a partir del Imperio Nuevo. El templo divino, cuyo modelo se fija en la dinastía XVIII (sus características, corresponden con el ejemplo elegido para el comentario).

TEMPLO DE KHONSU[1] EN KARNAK



ANÁLISIS

El dibujo nos presenta, de forma bastante completa, la planta y alzado, en un corte longitudinal, isométrico, de un templo egipcio, en este caso del templo de Khonsu atribuido a Ramsés III, en el Imperio Nuevo (1800 A.C.) en cuyo interior también se encontraron inscripciones con los nombres de Ramsés IV y Ramsés XI. Este templo se utiliza como modelo didáctico.

La planta es, básicamente, rectangular, y está dividida transversalmente en unidades de diferente tamaño. Una distribución ortogonal, con dominio de la línea recta.

La sección nos indica que el edificio va precedido de una avenida, bordeada de esculturas, que acaban ante una fachada monumental, formada por dos gruesos muros macizos, entre los que se abre una puerta trapezoidal. La estructura básica de esta construcción era la típica de los recintos religiosos del Imperio Nuevo. El edificio se articulaba en torno a una planta con un eje longitudinal que simbolizaba al río Nilo que atravesaba Egipto por la mitad. El primer recinto, el más grande y alto, es hípetro (sin techumbre) en la parte central. Los sucesivos compartimentos muestran progresivamente una disminución en sus dimensiones y en su altura, pues la cubierta desciende y el pavimento se eleva. Creando una disminución gradual de la luz hasta que todo quedaba sumido en la penumbra.

El material, que las características del edificio indican se trata de piedra, material noble que contribuye a su grandiosidad y solidez. El contraste de superficies y ángulos acentúa su carácter natural.

Los elementos constructivos son los propios de un sistema arquitrabado.

El muro es grueso, con declive en la parte exterior aunque sea vertical en el interior, a excepción de los grandes pilonos de la entrada que son en talud por ambas caras.

Los paramentos no presentan divisiones ni acusan el aparejo: dan superficies lisas, aptas para recibir decoración. Domina el macizo: en el muro no aparecen vanos de iluminación, tanto por razones técnicas (peso inmenso de las cubiertas) como estéticas (delimitan con claridad el recinto y lo aíslan).

El elemento sustentado. Como soportes se utilizan, de forma abundante, las columnas. Son enormes, de proporción maciza y forma inspirada en motivos vegetales: la basa es un disco sencillo, el fuste liso o fasciculado y el capitel con forma de capullo cerrado o flor abierta (campaniformes, lotiformes...). Llevan encima un cubo sobre el que descansa el arquitrabe. Están situadas muy cercanas entre sí, debido al peso de las cubiertas, pero con ello incrementan la sensación de grandiosidad.

El elemento sustentante. Las cubiertas son planas, formadas por losas de piedra sobre vigas, también de piedra, de sección rectangular. En el último recinto se abren en ellas lucernarios de iluminación.

Juegan un importante papel en acentuar la volumetría cúbica de los exteriores, así como en la creación de un determinado espacio interno (como ya hemos indicado en la descripción de la lámina, la cubierta tiene diferentes niveles, disminuyendo su altura desde la entrada hasta el último reducto).

Decoración. Los elementos decorativos no son apreciables en la lámina, pero cabe pensar que las hay, de hecho, sabemos que fue decorado en diferentes momentos:

Esculturas de bulto redondo (bordeando la avenida y posiblemente en otros lugares),

Bajorrelieves en pilonos, fustes de columnas, parte interna del muro, cara interior de las losas del techo...

Molduras: aparece la «gola» en el remate exterior de muros y comisas.

La pintura tendrá también gran importancia, completando los bajorrelieves, en techos, muros, columnas, contornos de las puertas...

Su carácter será figurativo o vegetal estilizado, con temática alusiva a ritos religiosos o exaltación del monarca.

Los valores plásticos. Los valores plásticos han sido objeto de un interés especial.

Es una obra muy proporcionada y armónica, cuyo diseño se basa en la repetición de ciertas medidas que aparecen en planta y alzado. Las estructuras son sólidas y equilibradas, con unas dimensiones que abruman a escala humana.

 La simetría resulta también evidente, tanto en el reparto de masas, respecto a un eje regulador, como por el efecto de repetición de motivos (filas de esfinges, hileras de columnas...).

Los volúmenes exteriores son puros y masivos, destacando las formas esterométricas simples y la estricta organización geométrica, que se acentúa con superficies planas, sin sombras. Su aspecto, hermético y neutral, no refleja la realidad interior, semejando más bien un gran objeto escultórico situado en un espacio ilimitado.

El espacio interior no tiene correspondencia con los exteriores. Está concebido a escala grandiosa por sus dimensiones, pero responde a un concepto cueviforme. Se ordena de acuerdo con un plan ortogonal y según un eje longitudinal que da, a todas y cada una de las partes, el carácter de lugar de paso.

 El tratamiento de la luz es muy característico. Esta, poco abundante, penetra por las aberturas situadas en la parte superior del muro, a través de rejas de piedra, o por lucernarios estrechos, que solo permiten pasar finos rayos. Su intensidad disminuye del patio abierto, hasta el santuario. Se asociaría al color de vivas tonalidades, que cubriese el edificio en su práctica totalidad.

Sobre el modelo, Khonsu

Los elementos analizados ¾sistema arquitrabado, gran desarrollo de la columna, la tendencia a la monumentalidad y perennidad...¾, junto con la forma misma del edificio, nos muestran las características en Khonsu del arte egipcio.

Se trata de una de las obras más representativas de esta arquitectura, un ejemplo de templo, creado en el Imperio Nuevo y que dio pauta a los que en el futuro se hiciesen en Egipto.

Constaba este de partes fijas:

a) Avenida de esfinges que conduce desde la ribera del río hasta el recinto del templo, acaba ante la fachada del templo, ante la puerta monumental. En el caso de Khonsu una larga avenida de esfinges con cabeza de carnero conducía hasta la entrada monumental del templo, tenían la misión de vigilar y proteger el edificio. Los dos obeliscos aluden a la morada del dios, a la relación entre lo terrestre y lo solar o sagrado. Los obeliscos estaban decorados con escenas en relieve de temas históricos o religiosos o sacrificio de prisioneros por parte del faraón en presencia del dios al que estaba dedicado el templo, un programa iconográfico que continuaba en el interior.

 b) Entrada del templo, la puerta, entre dos pilonos. Dos moles trapezoidales en talud (el término puede utilizarse también para toda la puerta), que representaban los acantilados de cada lado del valle del Nilo, pero también eran, a la vez, las dos montañas que flanquean el disco solar. En cada uno de los pilonos se encajaban dos mástiles para las banderas que simbolizaban la presencia del dios.

 c) Patio hípetro o sala hípetra, bordeado de un pórtico con columnas en doble fila, por tanto, abierta por la parte superior, aún es lugar público. Esta sala acogía un altar para los sacrificios. A esta primera estancia podía acceder todo el pueblo para depositar ofrendas y albergaba numerosas estatuas monumentales de los faraones, a imitación de los colosos exteriores, con escenas narrativas de sus hazañas o imágenes de adoración. Las columnas están hechas con grandes sillares y son de capitel cupiliforme. Su decoración fue encargada por Ramsés XI (1099-69) a Herihor, un antiguo general y gran sacerdote de Amon-Ra que después se convertiría en faraón de la XXI dinastía.

 d) Sala hipóstila, techada y con múltiples columnas, lugar para iniciados. Recibe el nombre de hipóstila porque contiene un bosque de columnas altas y gruesas que sostienen una cubierta arquitrabada. Podía estar precedida por un vestíbulo. La sala hipóstila tenía la función de salón de recepción del dios. El acceso a la sala hipóstila estaba restringido a los altos funcionarios, escribas y gente noble. Ocho columnas campaniformes sustentan la cubierta, plantas acuáticas que simbolizaban el pantano de la creación. Los arquitrabes y el techo tenían relieves y pinturas que representaban el cielo. Sobre los muros se reproducía la actividad del faraón como mediador ante los dioses, portando ofrendas o haciendo ritos en honor del dios Jonsu.

 e) La tercera estancia corresponde a las dependencias del dios. Se reparte entre varias cámaras, que albergan la barca sagrada y otros tesoros, y finalmente se halla el santuario o sancta sanctórum, que es la sala más profunda, estrecha y baja del templo, donde se guardaba la imagen del dios en el tabernáculo realizado en piedra, granito o madera, oculta a todos los ojos excepto al faraón y a los sacerdotes, los únicos capaces para el elaborado ritual diario, que comprendía tres actos diferentes: las ceremonias preliminares, el despertar y atavío del dios y la comida.

 Su función básica era hacer visible un concepto del mundo y la vida, regido por un sistema de relaciones muy ordenadas y formalizadas, que era fácilmente comprendido en su contexto cultural.

Es un templo-símbolo ¾el primer ejemplo que aparece en la historia de la arquitectura de un sistema simbólico integrado¾, recrea un orden eterno y visualiza conceptos-clave del pensamiento egipcio, como son su visión del cosmos y del discurrir de la vida. Está formado por elementos con diferentes funciones en el conjunto, pero todas responden a una coherencia lógica y son interdependientes, no solo en el sentido estructural, sino también en el símbolo que encierran:

El material, duro y resistente, es perenne como lo son los dioses.

Los muros, con su forma en talud, aluden al descenso de la divinidad del cielo al suelo.

Las columnas, inspiradas en la flora del país, son emblemas de fertilidad, simbolizando las plantas sagradas que nacen del cielo y proporcionan protección y sustento a la tierra y al hombre. Sin ellas (elemento sustentante), el cielo -techo- caería sembrando la destrucción en la tierra -suelo-.

La gradación de la luz y diferente tamaño de las salas es, asimismo, un símbolo, pues materializa la jerarquización de los que a ellas acceden, a la vez que el misterio de las ceremonias.

El modo de organizar el espacio interno responde, por su parte, a una interpretación realista, y a la vez muy imaginativa, de una serie de rasgos existenciales básicos para el egipcio.

Worringer[1], gran desmitificador de las entusiastas interpretaciones decimonónicas del arte egipcio, negó que la arquitectura egipcia llegara a crear espacios expresivos, insistiendo en la preeminencia de lo plástico sobre lo espacial. En consecuencia, definió el espacio creado en esta arquitectura como dolménico y encaminado a lo utilitario, es decir, a las necesidades del rito. En esta misma línea Riegl[2] habló de «horror al espacio» y de cómo el ingenio del arquitecto se puso más al servicio de su negación que de su afirmación.

Investigaciones posteriores han matizado estos juicios, admitiéndose que si bien en esta arquitectura no se sintió el espacio como totalidad sí se hizo fragmentariamente, pues existe profundidad y dirección.

COMENTARIO

El templo es una retícula simbólica de verticales y horizontales, lo que hace del edificio un símbolo del orden absoluto. El recorrido axial crea una síntesis totalizadora: es un camino que no invita a la permanencia. Una espesura de columnas, desproporcionadas a las necesidades de sustentación, anula el efecto de espacio de las grandes salas, acrecentándose, además, por el hecho de que los intercolumnios sean inferiores al volumen de las masas. Del mismo modo actúan las series de relieves, que se suceden en una misma dirección y la enfatizan.

Las formas arquitectónicas encarnan así un concepto fundamental para el hombre egipcio, que se veía caminando por la estrecha senda de la vida, en una única dirección hacia la muerte.

La idea del eterno vagar es básica y podemos apreciarla en otros elementos del templo, como son la barca, símbolo solar y funerario, las avenidas que conducían al templo y los caminos sagrados que unían diversos templos y que eran recorridos en los festivales estacionales.

Este carácter divino que, en consecuencia, tenía la construcción, explica, por otra parte, el complicado ritual con que se procedía en sus obras (por ejemplo en sus cimientos se incluían piedras procedentes de templos anteriores, a modo de semillas que diesen mayor fuerza espiritual al nuevo edificio), así como el hecho de que fuese el faraón, un dios, su promotor.

El templo de Karnak (Tebas) se elevaba en el complejo recinto de Amón, dentro del gran conjunto religioso de Karnak.

Es una obra no muy grande -70 m de longitud por 30 m de anchura-, y ocupaba el ángulo Suroeste del gran recinto amurallado.

Se comenzó a construir en época de Ramsés III y, pese a ser reconstruido en otros momentos, conserva casi intacta la planta simple y clara, aspecto interesante si tenemos en cuenta que los egipcios no tuvieron reparos en yuxtaponer edificios para aumentar la función religiosa, por lo que el santuario de Amón de este mismo recinto muestra una traza complicada, diferente de la original, con múltiples reconstrucciones y ampliaciones de diversos soberanos.

Se ajusta a las normas establecidas y, como es habitual en el arte egipcio, es anónima.

Podemos señalar, sin embargo, algunas pequeñas peculiaridades que la distinguen como son la existencia, en la terraza, de una sala con dos pilares, dedicada al sol, o la cripta bajo el vestíbulo.

Otro dato excepcional de esta obra es el hecho de que a lo largo del tiempo fuese sede del culto a Jonsu, durante la primera época, y luego pasase al culto de Amón, desde el reinado de Heritor, circunstancia que no afectó más que a la decoración mural de la sala hipóstila, patio y los pilonos.

Si nos acogemos a los principios del historiador del arte suizo Heinrich Wölfflin[3] que entiende que en toda obra de arte hay una evolución interna de las formas como creación autónoma de la imaginación (no intelectual) y como emoción estética (no volitiva), quedando lo demás a un segundo plano, nunca eliminado, nos referimos al contexto social, religioso, económico y político de los cuales ya hemos hablado, el templo de Khonsu dentro del formalismo wölffliniano se inscribe en el principio de lo lineal por su clara definición de la líneas, estructuras adinteladas, columnas, pilonos en talud, estructura longitudinal; en el principio de superficie por la clara organización de la estructura del templo y del espacio donde cada sala tiene su función perfectamente definida, por la valoración del espacio y los volúmenes, cada vez más pequeños pese a sus formas majestuosas; en el principio de forma cerrada por el equilibrio armónico de todas las partes del edificio, pese a sus grandes volúmenes de sus proporciones y componentes, todas las partes están enlazadas entre sí tienen sentido, significado y conexión entre ellos, todo marcado por el valor del hecho religioso de la civilización egipcia; en el principio de claridad ya que el templo de Khonsu se alía con lo perfectamente firme, lo claramente limitado, la consolidación de lo permanente, lo manifiesto; y por último en el principio de pluralidad que entiende el templo de Khonsu como una suma de partes y con función específica para cada una de ellas.




[1] W. Worringer (1881-1965): Historiador alemán que desarrolla su método desde la psicología del arte, intentando descubrir los esquemas mentales de la creación artística a través del análisis de las formas. Su interés por los aspectos puramente formales de la obra de arte dio paso a la teorización del arte abstracto.

[2] A. Riegl (1858-1905): Historiador del arte austríaco, principal representante de la Escuela de Viena, justifica los diferentes estilos como "cuestión de voluntad", lo que le lleva a recuperar periodos artísticos hasta su momento desdeñados.

[3] Véase su obra publicada en 1915 y en castellano en 1952 Conceptos fundamentales de la Historia del Arte. Madrid: Espasa-Calpe, 3ª edición. Edición de la editorial Austral en 2014.





[1] Khonsu o Jhnosu representaba al dios lunar y formaba la triada tebana junto a Amón-Ra y a Mut. Jhonsu estaba asociado con la medicina era el protector de los enfermos y ahuyentador de los malos espíritus, también representaba la fertilidad de la tierra, el poder germinador y los nacimientos. En los relieves del templo se le puede ver representado de dos maneras: con aspecto de niño momificado con una coleta lateral y perilla o como halcón, pero en ambos casos coronado con una luna llena o en cuarto creciente.

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Además de realizar el análisis y comentario conforme a la estructura establecida en nuestro "Guion para la lectura y comentario de una obra de arquitectura", entre otros recursos para obtener éxito en la oposición de Geografía e Historia hemos aplicado al templo de Khonsu los cinco principios del formalismo de Wölfflin.


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