El tenebrismo se caracteriza por el violento contraste de luces y de sombras mediante una forzada iluminación que hace llegar un foco de luz marcando una diagonal. Si en cualquier pintura la luz siempre tiene un valor especial, principalmente porque sin ella no podría realizar su trabajo, los tenebristas del Barroco, siglos XVII, al retratar la luz les exige reflejar las sombras, provoca la no incidencia por igual en todos los objetos y genera una amplia gama de matices.
Los tenebristas del Barroco del siglo XVII llevaron hasta sus últimas consecuencias los postulados del claroscuro en la pintura, pues hacen convivir en el cuadro zonas fuertemente iluminadas con otras que quedan prácticamente a oscuras, sin que el espectador pueda apreciar lo que se oculta tras las tinieblas que ha representado el pintor. Las figuras salen al cuadro por la luz.
Será Caravaggio y los españoles Francisco Ribalta y José Ribera -Jusepe de Ribera, llamado El Españoleto- quienes adopten esta forma de reflejar la luz y sus opuestos, la sombra y la oscuridad.
El Tenebrismo naturalista representado por Caravaggio, el verdadero artífice de la revolución pictórica que representa el Barroco. De forma atrevida para la época y rupturista con la pintura anterior, ahora la luz se convierte, junto a los personajes que subraya o matiza, en el elemento clave de la obra.
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